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Historia de los Evangelios Canónicos y Apócrifos

Creada12-06-2013
Modificada14-06-2013
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Historia de los Evangelios Canónicos y Apócrifos

Durante la predicación de Jesús y sus apóstoles, éstos solían llevar dos o tres rollos que usaban para apoyar sus predicaciones.

Es posible, y hasta probable, que fueran escritos por el apóstol Mateo conteniendo tres tipos de información:

  • Un listado de profecías del Antiguo Testamento que anunciaban la venida de un Mesías, utilizadas para corroborar que ese Mesías era Jesús.
  • Un listado de Milagros y Prodigios realizados por Jesús para ratificar su carácter mesiánico.
  • Una colección de Dichos y Parábolas para que los oyentes pudieran conocer más fácilmente las enseñanzas morales de Jesús.

Tras la muerte de Jesús, los apóstoles pensaban que el Apocalipsis ocurriría pronto, así que durante varias décadas no se preocuparon de narrar por escrito la vida de Jesús, pero sí añadieron el relato de su Crucifixión, su Resurrección y su Ascensión a los cielos, las profecías bíblicas que pudieran apoyar estos hechos, así como la Promesa de un pronto regreso para el Juicio Final y la culminación de la Gloria de Israel.

Estos documentos forman lo que actualmente se ha dado en llamar el Documento Q, del que lamentablemente no ha sobrevivido ninguna copia.

Los escritos más antiguos del Nuevo Testamento son las cartas escritas por Pablo, Santiago y otros.

Pasaron más de treinta años antes de que Marcos, un discípulo de Santiago y posteriormente de Pedro, aún sin haber conocido a Jesús, sobre los años 65-70 se decidió por fin a poner por escrito el relato de la vida de Jesús, según las narraciones que había escuchado a los apóstoles que sí le conocieron y ayudándose con el Documento Q ya mencionado.
Este evangelio lo escribió en Roma.

Para entonces Pablo, un apóstol que no había conocido a Jesús, ya llevaba varios años predicando a los Gentiles, los no judíos.

Los no judíos eran por lo general paganos, creían en diversos dioses agrícolas (pagos=campesino) y en dioses de los panteones griegos y romanos, el más importante de los cuales era Zeus.

Pablo adaptó (otros podrían decir adulteró) el mensaje de Jesús para ser más aceptable por los paganos, convenciéndolos de que Jesús era el Hijo de Zeus (=Deus=>Dios).

Los cristianos europeos, de origen pagano en su mayor parte, se convirtieron a su vez en predicadores y en su afán de conseguir fieles narraron hechos cada vez más extraordinarios de la vida de Jesús, atribuyéndole nuevos milagros e historias destinadas a convencer a los paganos de su divinidad.

Algunas de esas historias se pusieron por escrito, convirtiéndose en los primeros escritos apócrifos.

Marcos viajó de Roma a Egipto, llevando alguna copia de su evangelio. Posteriormente se le pierde el rastro aunque hay tradiciones que lo sitúan en la India.

Basándose en su evangelio y en el Documento Q, otro evangelista de Alejandría, Egipto, escribió en los años 90 el evangelio tradicionalmente atribuido a Mateo.

Lo mejor de este evangelio es que en él se incluye el Sermón de la Montaña, seguramente copiado del rollo escrito por el verdadero Mateo.

Lo peor, añadir una serie de historias copiadas de mitos paganos y persas como la Anunciación y la Adoración de los Magos.

También, quizás porque el escritor era egipcio, añadió la idea de que Jesús pasó varios años de su infancia en Egipto.

Para entonces ya existían, aparte del de Marcos y Mateo, varios evangelios apócrifos, y fue en este contexto cuando otro evangelista escribió el Evangelio de Lucas.

Este evangelio tiene varias características que lo hacen bastante especial.

En primer lugar, su autor parece haberse basado en varias fuentes, principalmente en las memorias de Lucas, 'el médico querido' que acompañó a Pablo durante bastantes años en sus viajes y que escribió unas memorias que, muchos años más tarde, fueron usadas (y a veces copiadas literalmente, por eso en los Hechos se relatan algunos episodios en primera persona. [Hechos 21]) para componer este evangelio.

Aparte de en las memorias de Lucas, el redactor debió inspirarse también en los mismos manuscritos que acompañaban a todos los apóstoles, los escritos originalmente por Mateo con las profecías mesiánicas y las enseñanzas de Jesús, pero no debió conocer el evangelio de Mateo, escrito unos años antes pero en Egipto, muy lejos de Roma o Grecia, lugares ambos donde este evangelio pudo ser escrito.

Este desconocimiento le lleva a dar una versión del nacimiento de Jesús muy diferente a la versión de Mateo, llegando a fecharlo durante un censo romano, siendo así que el primer censo que se realizó en Palestina fue casi diez años después de la muerte de Herodes, lo que durante muchos siglos ha planteado serias dificultades para fechar el nacimiento de Jesús.

El redactor de este evangelio, que debió ser un lector avezado, no dudó en alterar la historia de Jesús cuando convenía a sus intereses, supliendo etapas desconocidas de la vida de Jesús por relatos del Antiguo Testamento y hasta por relatos de Josefo; así, el episodio de Jesús en su infancia al perderse en el templo y asombrar a los doctores de la ley con su sabiduría está copiado de un relato autobiográfico del mismo Flavio Josefo que se atribuía a sí mismo ese suceso.

Incluso la forma de narrar la historia, simulando ser dos cartas dirigidas al "noble Teófilo" está también copiada de "Contra Apion", de Josefo, que comparte la misma estructura y que fue escrita pocos años antes.

En la primera parte, la vida de Jesús, los hechos son manipulados no distinguiendo entre nazoreos ni saduceos, sino que los que tramaron y provocaron la muerte de Jesús fueron los judíos en general, mientras los romanos, como Poncio Pilato, no tuvieron culpa de la muerte de Jesús, al contrario, hicieron lo posible por salvarlo pero los judíos no querían que Jesús viviese. De esa forma "Lucas" se aseguraba de contar con las simpatías del pueblo romano aunque fuera a costa de que el pueblo judío se convirtiera desde entonces en el centro del odio de la cristiandad.

Para entonces el cristianismo se había dividido en dos ramas totalmente diferentes y, en varios sentidos, antagónicas.

El cristianismo paganizado de Pablo y sus discípulos se extendió con gran rapidez por toda Europa, convirtiendo a muchísimos adeptos entre los siervos y oprimidos de la población del imperio romano y, posteriormente, de la nobleza.

La doctrina cristiana se adaptó a las creencias paganas, sustituyendo y asumiendo numerosas costumbres y festividades. La adoración a Isis fue sustituida por la Adoración a la Virgen, la Madre de Dios. Las fiestas saturnales del Solsticio de Invierno, festividad en honor al dios Apolo, fue convertida en la fiesta de la Natividad de Jesús. Las fiestas del Solsticio de Verano se convirtieron en el día de San Juan Bautista.

Los cristianos judíos, más fieles al mensaje de Jesús, seguían predicando principalmente a los judíos, y se extendieron por todo el Oriente Próximo, el norte de África, Turquía, Armenia y Persia, hasta llegar hasta la India, teniendo un cierto éxito entre las colonias judías de los pueblos que visitaban.

Conscientes de ello, los sacerdotes de la ortodoxia judía, a principios del siglo II, reformaron el judaísmo, excluyendo de su doctrina las creencias cristianas, e incluso añadiendo a su ortodoxia una condena expresa del cristianismo.

Eso redujo al Cristianismo Judío a sectores minoritarios de la población judía, pero muy extendida en muchas partes del mundo, incluídos los reinos etíopes al sur de Egipto y penetrando también por Georgia y Ucrania hacia Rusia.

El cristianismo judío se dividió en varias corrientes religiosas, coptos y ortodoxos, y ya que se les había hecho muy difícil seguir predicando entre los demás judíos, por fin empezaron a integrar en su seno a personas ajenas al judaísmo.

Pero la batalla por la expansión ya la habían perdido.

El último evangelio canónico fue escrito sobre el año 110 o 120, probablemente por Juan el Anciano, un cristiano que había conocido a Juan, el Discípulo Amado por Jesús.

Contra estos cuatro Evangelios, los Hechos y las Cartas de Pablo, Santiago, Pedro, Juan el Anciano y otros, los paganos cristianizados y los gnósticos habían escrito y aún escribieron varias docenas de relatos de la Infancia, la Predicación y la Crucifixión de Jesús, llegando a tener estos muchísima más difusión.

Los relatos narrados en ellos eran tan increíbles que solo las personas más crédulas e incultas podían llegar a creerlos, y así lo manifestaron varios cristianos europeos más cultos, desde Irineo, a mediados del siglo II en adelante.

Tanto es así que los dirigentes cristianos intentaron ocultarlos, si bien sólo lo consiguieron en parte. No fue hasta finales del siglo III, cuando por fin consiguieron introducirse en las estructuras de poder del Imperio Romano, en que por fin se reunieron para decidir cuáles de todos esos más de 70 evangelios debían ser aceptados como canónicos y eligieron los menos increíbles, los más cercanos a la realidad de la vida de Jesús.

Los evangelios de Marcos, Mateo, Lucas y Juan fueron declarados Canónicos. Los demás fueron considerados Apócrifos.

Desde entonces, durante siglos, la Iglesia ha intentado ocultar esos evangelios, pero aunque ha tenido un cierto éxito, muchos de ellos están saliendo cada vez más a la luz.

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