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¿Por qué tiene la Luna un Corazón Excéntrico? ¿Por qué lo tiene la Tierra? ¿Cómo, gracias a ello, vivimos a salvo?

Creada11-02-2019
Modificada11-02-2019
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Marzo8

El Núcleo Excéntrico de Lunas y Planetas

Los astrofísicos llevan siglos intentando averiguar cómo se formaron los planetas y lunas del Sistema Solar. Con potentes telescopios han podido captar imágenes de nebulosas de polvo lejanas en las que se están formando estrellas y planetas, pero son apenas fotografías instantáneas de procesos que duran millones de años, por lo que han tenido que colocar en orden numerosas instantáneas de distintos sistemas planetarios en formación para hacerse una idea de cómo será ese proceso y cuánto durará realmente.

Sus teorías son cada vez más completas y creemos que también exactas, pero aún quedan varios enigmas por resolver antes de que por fin conozcamos y entendamos todo el proceso.

En este artículo intento dar una explicación para varios de esos enigmas, en particular la excentricidad de algunos cuerpos de nuestro Sistema Solar y la causa de que la Tierra tenga un campo magnético más intenso que el de otros planetas rocosos de nuestro entorno.

El Nacimiento de un Planeta

Si en un espacio ingrávido hay una nube de materiales heterogéneos con distintas masas, composición y densidad, la atracción gravitatoria hará que los cuerpos pequeños se vayan uniendo hasta formar una amalgama de rocas que se irá haciendo cada vez más grande.

Interior de un Protoplaneta antes de la Fusión

Al llegar a un buen tamaño la fuerza gravitatoria hará que adquiera forma esférica mientras el interior sigue estando formado por los fragmentos amalgamados, algunos de roca, otros de metal, algunos grandes como montañas, la mayoría del tamaño de lágrimas o polvo.

Habrá nacido un protoplaneta.

Conforme el protoplaneta aumenta de tamaño y masa, atraerá más cuerpos de su entorno y las colisiones serán cada vez más violentas. La Energía Cinética de las colisiones se convertirá en calor que fundirá los materiales. El calor de la superficie se irá internando hacia dentro extendiendo la fusión hasta el centro.

Estratos de un Planeta sin RotaciónUna vez en estado líquido, los metales más pesados se hundirán hacia el centro. Los minerales más ligeros quedarán en la superficie.

El protoplaneta se habrá convertido en un planeta, con la masa interna distribuida en estratos concéntricos según su densidad.

Planetas en Rotación

Es muy improbable que un planeta se forme sin que adquiera una cierta rotación. La mayoría estarán rotando a más o menos velocidad generando una Fuerza Centrífuga que hará que el planeta sea más ancho por el ecuador y más achatado por los polos.

Este achatamiento dependerá de la velocidad de rotación, pero también depende de la densidad de los materiales. Dos esferas del mismo tamaño de material fundido, una de Hierro y otra de Silicio, rotando a la misma velocidad, tendrán distinto achatamiento. La esfera de Silicio, más ligera, estará más achatada que la de Hierro.

Núcleo de un Planeta en RotaciónEn un planeta en rotación en el que sólo existan Hierro y Silicio fundidos, el núcleo de Hierro se achatará ligeramente, pero el achatamiento del manto de Silicio será más acusado. Como consecuencia, el Manto será más grueso por el Ecuador que por los Polos.

En un planeta real, compuesto por muchos tipos de materiales, metales y minerales, todos los estratos estarán achatados, los más densos e internos menos, los más ligeros y externos más. La corteza, y cada uno de los estratos internos, será más fina por los Polos y más gruesa por el Ecuador.

Pero todos los estratos serán concéntricos, los centros geométricos de todos ellos coincidirán en el mismo punto, el centro gravitatorio del planeta.

La Excéntrica Luna

Desde la invención del telescopio, los astrónomos han observado y estudiado la Luna de la que siempre veíamos la misma cara.

En la otra cara los científicos, más realistas, supusieron que tendría un aspecto similar al de la cara visible. Los poetas, más fantasiosos, imaginaron que habría bosques poblados de fantásticos animales y seres celestiales.

Con las primeras sondas espaciales pudimos comprobar que ninguno de ellos tenía razón. No había bosques ni ciudades habitadas por selenitas, pero el aspecto de la cara opuesta de la Luna era muy diferente al de la cara visible.

Intentaron elaborar teorías para explicarlo pero ninguna de ellas conseguía dar una respuesta satisfactoria a esas diferencias.

Tras el primer aterrizaje en la Luna, en 1.969, los astronautas trajeron más de 300 Kg de rocas lunares y los científicos pudieron analizarlas para descubrir que contenían prácticamente los mismos elementos que la corteza terrestre.

Colisión de la Tierra y TheiaSe apuntaló la teoría de que la Luna se formó con los restos de una colisión planetaria en los orígenes del Sistema Solar. Una colisión entre una Tierra primitiva y otro planeta del tamaño de Marte, al que los científicos llamaron Theia. Tras la colisión, gran cantidad de fragmentos de Theia y la Tierra quedaron en órbita formando un anillo de escombros que posteriormente se aglomeraron para formar, por los mismos mecanismos ya explicados de los planetas, la Luna que desde entonces nos acompaña.

Sólo el 1'5% de la masa Theia-Tierra formaron parte de la Luna. El resto volvió a caer a la Tierra, formando parte de su corteza, por eso sus composiciones son tan similares.

Otras sondas más modernas han podido hacer un mapa gravimétrico de la Luna, lo que ha permitido que conozcamos también su interior. Y esto nos ha dado una interesante sorpresa.

Tal como la Tierra, la Luna está dividida en estratos, los materiales más densos en el centro, los más ligeros en la corteza.

Pero la corteza de la Luna es excéntrica, por la parte más cercana a la Tierra mide unos 25 Km de grosor. Por la opuesta mide 60 Km.

¿Cómo se puede explicar esta diferencia?

Se ha intentado explicar suponiendo que la cara opuesta fue bombardeada con gran cantidad de asteroides que la hicieron engrosar, pero estas colisiones hubieran dejado cráteres que, sencillamente, no están.

También se ha intentado explicar suponiendo una colisión lenta, no con un objeto que viniera de muy lejos y a una gran velocidad, sino de una hipotética segunda luna con la que la colisión se habría producido a una velocidad muy lenta, uno o dos Km/s, que no hubieran producido un cráter y hubiera enterrado los cráteres de la cara opuesta tal como un saco de arena derramado sobre ella.

Pero existe otra explicación más probable.

Para entenderla, empecemos por el principio.

La Formación de la Luna

Tras la colisión de Theia con la Tierra, gran cantidad de escombros fueron arrojados al espacio, entre el 20~30% de la masa total de Tierra y Theia, y al haber sido la colisión, no de frente sino de medio refilón, la mayor parte de la materia expulsada procedía de la corteza de la Tierra, no del Núcleo, por lo que en ella había más minerales y menos metales que en la Tierra.

Con distintas velocidades, los fragmentos más rápidos se alejaron para siempre. Los más lentos volvieron a caer. Pero una parte importante se quedó orbitando la Tierra.

Sus órbitas eran caóticas y en todos los sentidos, formando una nube esférica de escombros que orbitaban en trayectorias elípticas alrededor de la Tierra en todas direcciones y produciéndose numerosas colisiones.

Las órbitas fueron modificadas lentamente por la presencia del Sol. Éste también atrae a las rocas y lo hace con mayor intensidad cuando están más cerca del Sol que cuando están más lejos. Ese gradiente gravitatorio hizo que las órbitas fueran desviándose y acercándose cada vez más al plano orbital de la Tierra en torno al Sol.

Sinestia en torno al SolLa nube de escombros, originalmente esférica, se fue achatando y distribuyendo hasta formar una Sinestia, un grueso anillo de escombros alrededor de la Tierra, en un plano cercano al de la misma Tierra alrededor del Sol.

En esta sinestia los escombros fueron uniéndose entre sí en colisiones cada vez más violentas, generando calor que fundió los materiales hasta formar un único cuerpo, aún fundido, que sería la Luna.

Por las leyes orbitales, las rocas más lejanas de la sinestia viajaban más despacio que las más cercanas, así que la Luna iba adelantando a las rocas que estaban más lejos y estaba siendo adelantada por las más cercanas a la Tierra. Eso hizo que las colisiones fueran más abundantes por delante a la derecha y por detrás a la izquierda, por lo que la Luna, conforme iba creciendo, también iba rotando cada vez más rápido.

Poco a poco la sinestia fue haciéndose más pequeña conforme sus fragmentos caían a la Tierra en una constante lluvia de meteoritos. La Luna dejó de crecer, quedando con 1/81 de la masa de la Tierra.

Al desaparecer la sinestia, la Luna dejó de recibir impactos, y debería haberse enfriado y solidificado, pero aún le quedaba algo por hacer.

La Órbita de la Luna

Cuando se forma un planeta, casi siempre lo hace con una cierta rotación. La Luna no es una excepción, al contrario, debido a haberse formado en una sinestia alrededor de la Tierra estaba rotando muy rápido, probablemente en unas pocas horas, por lo que si se hubiera solidificado en ese momento habríamos tenido una luna MUY achatada.

Pero la Luna también estaba orbitando la Tierra, y la rotación de la Luna no coincidía con su órbita alrededor de la Tierra. Si hubiéramos estado en la Tierra en ese preciso instante hubiéramos visto cómo, además de moverse por el cielo alrededor de la Tierra, también rotaba sobre sí misma pudiendo ver en distintos días, más bien en pocas horas, sus dos caras opuestas.

Y la hubiéramos visto muchísimo más grande y orbitando la Tierra muchísimo más rápido.

La Luna no se formó donde está ahora, a 385 Mm (Megámetros=Miles de Km) de la Tierra, sino a unos 30 Mm. Y no tardaba 28 días en orbitar alrededor de la Tierra, sino apenas unas 8 ó 10 horas.

Y, para tener un espectáculo más extraordinario, los días de la Tierra no duraban 24 horas. El choque de Theia no fue de frente, sino de medio refilón, haciendo que la Tierra rotara muy rápido, en apenas 6 horas, por lo que podríamos ver salir el Sol por el Este desplazándose a gran velocidad hasta el medio día en sólo una hora y media. En otra hora y media lo veríamos ponerse por el Oeste y tres horas más tarde volver a salir por el Este.

La Luna actual y tal como era en su origen

La Luna, desde la superficie terrestre, hubiera sido gigantesca, más de 100 veces más grande de como se ve hoy en día, y hubiera hecho su recorrido por el cielo a una velocidad endiablada, apenas un poco más lenta que el Sol.

Y con una consecuencia más importante, al estar 10 veces más cerca de la Tierra su efecto sobre las mareas hubiera sido mil veces mayor.

Las Mareas de la Tierra

La altura de las mareas depende de la masa de la Luna y la distancia a la que está. Aunque muchos fenómenos físicos siguen la ley de la inversa del cuadrado de la distancia, la altura de las mareas no: Sigue la ley de la Inversa del Cubo de la distancia.

Una Luna diez veces más cercana genera mareas mil veces más altas.

La Luna generaba unas mareas gigantescas en la Tierra, de más de 5 Km de altura. De haber estado en la superficie hubiéramos ascendido 5 Km en menos de dos horas y vuelto a descender en otras tantas. Dos veces al día. Días de 6 horas.

Y no era una superficie de agua, sino de magma y rocas fundidas.

El movimiento del magma agitado por la atracción de la Luna generaba gran cantidad de calor, que mantuvo la superficie de la Tierra en un estado casi líquido.

Fuerza Asimétrica de las MareasAdemás, el punto más elevado de las mareas no estaba situado directamente bajo la Luna. Debido a la rotación terrestre el punto más elevado de las mareas estaba desplazado varios grados por delante de la posición de la Luna, lo que hacía que la Luna atrajera a esa masa con más fuerza que a la opuesta, frenando poco a poco, pero de forma constante, la rotación de la Tierra.

24 Horas en el Infierno

La Tierra PrimigeniaEs de noche, pero no estamos a oscuras. El suelo brilla incandescente mientras ríos de lava corren por la superficie formando mares y remolinos gigantescos. Islas de roca ardiente flotan sobre la superficie antes de ser engullidas por el océano de lava. Frecuentes y gigantescas burbujas estallan escupiendo chorros de rocas derretidas y gases tóxicos a más de 1.000 grados centígrados mientras a lo lejos vemos la caída de pequeños meteoritos.

El resplandor es tan intenso que no podemos ver las estrellas.

Por el Este vemos un leve clarear en el cielo y en apenas unos segundos sale el Sol, que se eleva a gran velocidad desde el horizonte. Al mismo tiempo notamos que empezamos a ascender. En apenas hora y media el Sol llega a su cenit. Nosotros hemos ascendido cinco Km.

Otra hora y media. El Sol desciende con rapidez hasta el horizonte, al Oeste, mientras el terreno vuelve a descender 5 Km haciéndonos silbar los oídos por el cambio de presión atmosférica. El ocaso apenas dura unos segundos y empieza una nueva noche.

Sale la Luna, inmensa, más grande que un balón a la distancia del brazo, y recorre el cielo a toda velocidad hasta llegar al cenit mientras nos silban los oídos al volver a ascender 5 Km en menos de dos horas. La Luna no sólo se mueve a gran velocidad, también gira muy rápido, en apenas un par de horas. A lo largo de la noche la vemos dar casi dos vueltas completas.

La marea de lava vuelve a descender, así como la Luna. Antes de ponerse en el Horizonte vemos que ya no es completamente redonda. Está entrando en la fase de Cuarto Menguante. Vuelve a salir el Sol y vemos los dos astros, la Luna del tamaño de un balón, el Sol del tamaño de una pelota de golf.

Se repite todo igual, pero al día siguiente la Luna sale poco antes que el Sol y sólo vemos resplandecer una uña menor que el Cuarto Menguante. Una hora después de amanecer empieza a ocultar al Sol. Tenemos un Eclipse de Sol, algo habitual que se repite cada pocos días.

El Eclipse dura casi dos horas. El Sol vuelve a asomar por el borde opuesto de la Luna poco antes del ocaso y nos damos cuenta de que esta vez, a medio día, la marea nos ha elevado casi seis Km. Era una marea viva, en la que la gravedad de la Luna se suma a la del Sol.

Al día siguiente sale el Sol y poco antes del medio día sale la Luna en Cuarto Creciente. Esta vez la marea es menos intensa y sólo nos elevamos 5 Km.

El Sol se pone, pero la Luna aún nos ilumina con su intenso resplandor mientras  el Cuarto Creciente se ve cada vez más grande. Desciende con rapidez hacia el Horizonte, que atraviesa a toda velocidad, en apenas unos segundos.

Por el Este empieza a clarear el cielo anticipando la llegada de nuestro quinto día en el Infierno.

Pero no es el Infierno, es la Tierra hace más de  4.400 Millones de años, poco después de formarse la Luna.

Y sólo hemos estado allí 24 horas.

Seamos Realistas: La Tierra está cubierta de una densa atmósfera que impide ver las estrellas, la Luna e incluso el Sol. Sólo distinguiríamos una claridad rojiza durante el día, un poco más intensa que la noche.

Los eclipses de Sol se repetirán tres o cuatro veces seguidas cada siete u ocho días (de seis horas). Después habrá 4~5 meses (actuales) sin eclipses y luego otra vez se reinicia el ciclo. Y cada año los dos períodos de eclipses se producirán uno o dos meses antes que el anterior, por lo que habrá años en los que se produzcan TRES períodos de eclipses.

Son cosas de la Mecánica Orbital.

Las Mareas de la Luna

Si las mareas que la Luna provocaba en la Tierra eran inmensas, aún lo eran mucho más las mareas que la Tierra producía en la Luna. Al ser la masa de la Tierra 81 veces mayor que la de la Luna, en ésta las mareas alcanzaban alturas de decenas de Km.

Y de la misma forma en que la Luna frenaba la rotación de la Tierra, también la Tierra frenaba la rotación de la Luna. Pero con mucha más intensidad, mucho más rápido.

La Mecánica Orbital funciona de una forma muy precisa y sigue leyes que hemos tardado mucho tiempo en descubrir pero que al final nos permiten entender cómo funciona el Universo.

Una de esas leyes es la de la Conservación del Momento Angular. Si un patinador está rotando sobre sí mismo y estira los brazos, rotará más despacio. Si arrima los brazos al cuerpo, rotará más rápido.

Conforme la rotación de la Luna se iba frenando, se incrementaba la distancia que la separaba de la Tierra y la órbita se hacía más lenta.

Probablemente hicieron falta unos 20~50 Ma (Millones de Años) para que la rotación de la Luna se frenara lo bastante para coincidir con su órbita. Para entonces la distancia a la Tierra ya sería de unos 100 Mm y la órbita duraría varios días.

El proceso de frenado y alejamiento de la Luna fue cada vez más lento, pero no se detuvo y aún sigue funcionando. Actualmente la Luna está a 385 Mm y orbita en 28 días, pero aunque muy despacio, la Luna sigue alejándose 3'8 cm cada año y frenando su órbita en 1 segundo cada 60.000 años.

Pero no nos adelantemos tanto y volvamos al momento en que la rotación de la Luna se igualó con su órbita alrededor de la Tierra.

La Solidificación de la Luna

Cuando la rotación de la Luna se igualó con la duración de su órbita comenzó a mostrarnos, siempre, la misma cara.

Dejó de haber mareas en la Luna y al no estar sometida a ese proceso se dejaron de producir corrientes del magma que generaran calor por lo que la Luna comenzó a enfriarse y sus estratos metálicos y minerales a solidificarse.

De haber estado en una situación en la que no fuera influida por ninguna fuerza externa, la Luna y sus estratos internos se hubieran solidificado en capas concéntricas, algo achatadas por la Fuerza Centrífuga de su rotación, que aún sería de unos seis o siete días.

Núcleo en una Luna con Rotación CapturadaPero la Luna estaba en una pendiente gravitacional inclinada hacia la Tierra, y los estratos internos experimentaron la fuerza desigual de la atracción terrestre haciendo que las masas más densas e interiores de la Luna flotaran en los estratos menos densos y exteriores acercándose a la Tierra.

El Efímero Campo Magnético de la Luna

No debemos pensar que esto sólo ocurrió cuando la rotación de la Tierra se detuvo. Ocurrió desde su origen, a partir del momento en que el núcleo de la Luna se hizo más denso que su corteza.

Lo mismo que la gravedad terrestre elevaba la superficie de la Luna hacia ella, también atraía con más intensidad al núcleo más denso haciendo que flotara dentro del Manto hacia la Tierra. Y al estar la Luna en rotación, el núcleo intentaba desplazarse hacia la Tierra, lo que hacía que el núcleo rodara por el interior del manto lunar.

Ese rodamiento no sería muy acusado ya que, al estar rotando la Luna aún muy rápido, el núcleo no tendría tiempo a desplazarse más que uno o dos metros antes de experimentar la fuerza en otra dirección. No es una distancia grande, pero imponía un empuje al magma que formaba el manto de la Luna produciendo corrientes magmáticas muy intensas, que generaban más calor y que también participaban en la elevación de las mareas de la superficie y en el consiguiente frenado de su rotación.

Y las fuertes corrientes del magma, empujadas por el núcleo rodante, generaron un intenso Campo Magnético.

En esa época, en los primeros Millones de años tras su formación, la Luna tuvo un Campo Magnético igual, o quizás más intenso que el de la Tierra.

Conforme la rotación de la Luna se fue frenando, el rodaje del núcleo fue ganando en amplitud, alejándose del centro de gravedad varios metros, decenas y centenas de metros, cada vez más conforme la rotación lunar iba siendo cada vez más lenta.

Varios millones de años después de su origen, cuando la rotación de la Luna se igualó con su órbita alrededor de la Tierra, el núcleo se asentó por fin, no justo en el centro de la Luna, sino a varios Km en dirección a la Tierra, allí donde estaba en equilibrio gravitatorio entre la tendencia a caer hacia el centro y hacia la Tierra. Al cesar las corrientes del Magma, el Campo Magnético de la Luna desapareció.

Todos los estratos del interior de la Luna quedaron en equilibrio gravitatorio, y el centro de gravedad de cada uno de ellos desplazado, más los interiores que los exteriores, en dirección a la Tierra.

El estrato más ligero y exterior, la corteza, quedó con un grosor de 25 Km por la parte más cercana a la Tierra y de 60 Km por la parte opuesta.

El Centro de Gravedad del Núcleo probablemente estará desplazado varios Km del centro de la Luna hacia la Tierra.

El Núcleo Rodante de la Tierra

Igual que la atracción de la Tierra hacía que el Núcleo de la Luna rodase por el interior del Manto Lunar, también la atracción de la Luna provocó los mismos efectos en la Tierra.

Siendo la Luna mucho menos masiva, el Núcleo de la Tierra no llegaba a desviarse tanto, pero sí lo suficiente como para impulsar las corrientes del Magma y generar un Campo Magnético.

El hecho de que el Núcleo ruede por dentro del manto es el motivo de un efecto sorprendente: El Núcleo de la Tierra rota Más Rápido que la corteza del planeta. Es algo que se ha podido constatar gracias al análisis de ondas sísmicas y que es mencionado en el documental Rayos X a la Tierra.

Con el tiempo la rotación de la Tierra ha seguido frenando, aunque más lentamente que la Luna. Aún hace 400 Ma la Tierra rotaba en 22 horas. Los años duraban lo mismo, pero contaban más de 400 días.

En la actualidad la Tierra rota en 24 horas y sigue frenando. Muy despacio, quizás alrededor de un segundo cada 100.000 años. Dentro de otros 400 Ma los días de la Tierra durarán algo más de 25 horas. Y si la órbita de la Tierra sigue siendo la misma, los años tendrán 350 días.

El Núcleo de la Tierra sigue y seguirá rodando por dentro del Manto de la Tierra, generando calor que mantenga la Tierra a una temperatura habitable y protegiéndonos de las radiaciones cósmicas y el Viento Solar con el intenso Campo Magnético que gozamos gracias a la Luna.

El Campo Magnético de Júpiter

Los planetas Gigantes Gaseosos, como Júpiter, también tienen un intenso campo magnético, pero éste no es causado por el núcleo al rodar por el interior del manto ya que no hay en su entorno ninguna luna lo bastante grande para hacerlo.

La luna más grande de Júpiter, Ganímedes, tiene una masa de menos de una diezmilésima del planeta (1/12.500). Y orbita a unos 1.000 Mm de distancia. Su influencia gravitatoria sobre Júpiter o su núcleo sólido es insignificante.

Pero Júpiter está rodeado de una densa atmósfera de miles de Km de profundidad, y a 15.000 Km bajo ella se encuentra un océano de Hidrógeno Líquido con propiedades metálicas y magnéticas.

El calor interno de Júpiter, producido por los elementos radiactivos del núcleo, unas 100 veces más abundantes que en la Tierra, calienta el planeta de abajo hacia arriba, provocando corrientes de convección a través de las capas interiores hasta la superficie. Y la rápida rotación de Júpiter provoca un intenso Efecto Coriolis y hace que estas corrientes formen inmensos remolinos, ríos de hidrógeno más anchos y profundos que la Tierra, que generan el intenso Campo Magnético de Júpiter.

El Campo Magnético de Marte

Marte no tiene Campo Magnético. No puede.

Al ser un planeta rocoso no tiene una densa atmósfera sobre un océano de Hidrógeno líquido con propiedades metálicas. Al ser más pequeño que la Tierra, los elementos radiactivos de su núcleo han reducido su capacidad para generar calor y mantener el núcleo fundido. Al no disponer de una luna lo bastante masiva, su núcleo no rueda por el interior del manto, no produce calor ni corrientes que generen un campo magnético.

Aunque Marte tuvo un origen similar al de la Tierra y tuvo océanos, atmósfera y, durante varios millones de años una temperatura agradable, la falta de campo magnético hizo que su atmósfera fuera bombardeada por las radiaciones cósmicas y el viento solar, arrancando poco a poco sus gases, disminuyendo su presión atmosférica y haciendo que los océanos se evaporaran y sus moléculas fueran arrastradas hacia el exterior del Sistema Solar.

Es posible que durante los varios cientos de Millones de años en los que Marte tuvo océanos pudieran aparecer moléculas orgánicas, tal vez organismos unicelulares, pero no tuvo tiempo de formar organismos más complejos, pluricelulares, probablemente ni siquiera células eucariotas, antes de que los océanos, por fin, desaparecieran.

Aún queda agua en el subsuelo de Marte y es posible que en ella aún queden virus y bacterias que hayan conseguido adaptarse a ese entorno hostil. Esperemos que las próximas sondas que enviemos a Marte puedan descubrirlas.

Los Otros Campos Magnéticos

Cualquier Gigante Gaseoso que esté rotando tendrá Campo Magnético. También las estrellas.

Y las lunas que tengan un tamaño suficiente para tener un núcleo más denso que su manto y orbiten alrededor de un planeta, siempre que la duración de su rotación sea distinta a la de su órbita.

En cuanto a los planetas, sólo los que orbiten muy cerca de su sol o los que tengan una luna lo bastante grande y cercana para que las mareas hagan rodar su núcleo en el interior del manto.

UNA y sólo una. Si tuviera dos o más lunas la gravedad de cada una de ellas dispersaría en dos direcciones distintas la fuerza de las mareas y el rodaje del núcleo, con lo que los campos magnéticos que se generasen serían irregulares e insuficientes para proteger al planeta de las radiaciones cósmicas y el viento solar.

Nosotros tenemos la enorme suerte de vivir en un planeta que tiene una única Luna, con una masa de 1/81 de la masa terrestre y a una distancia de 385 Mm, lo bastante cerca como para producir mareas en la superficie y hacer que el núcleo de la Tierra ruede a través del manto generando las corrientes magmáticas que producen el Campo Magnético terrestre que nos protege de las radiaciones cósmicas y solares y que hace posible nuestra existencia.

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