| Documental | El Ojo de Dios (The Eye of God) |
| Serie | Misterios Ancestrales T2 E2 2015 |
| La Vista no es perfecta, y muchas veces nos engaña con efectos ópticos, nos hacer ver cosas distintas a la realidad. | |
¿Hay una cara en Marte? ¿Por qué hay un hexágono en Saturno? ¿De quién es la cara que se puede ver en la Luna?
Desde tiempos ancestrales los antiguos han observado el cosmos y han creído reconocer figuras en él.
La interpretación que se le daba a estas formas irregulares variaba con las culturas. En Europa se pensaba que la Luna mostraba el rostro de Caín, condenado a vagar por el cielo por la muerte de su hermano. En Asia Oriental, sin embargo, veían en esas manchas la forma de un conejo.
La invención del telescopio abrió unas ventanas que nos permitían ver con más claridad los objetos celestes, y gracias a ellos hemos podido observar formas y estructuras que, con un poco de imaginación, podemos bautizar con nombres que sugieren su forma. El Esquimal, el Búho, la Hélice, la Calabaza, la Mano de Dios, y muchos, muchos Ojos.
Cada nebulosa que vemos en el cielo tiene una forma distinta y revelan la distinta forma en que se han producido. Casi todas son los restos de una estrella que ha estallado esparciendo en su entorno una nube de gas y polvo e iluminada por los restos de una potente estrella que sigue brillando en su centro.
En ocasiones la estrella está rodeada por un anillo de escombros y, al estallar, la explosión hacia los lados es detenida por el anillo, pero la vemos expandirse libremente en las dos direcciones perpendiculares, teniendo la apariencia de dos glóbulos de gas simétricos.
La estrella más representativa de este tipo es Eta Carinae, cerca de la constelación de la Cruz del Sur. Hasta 1840 era una estrella relativamente oscura, pero ese año estalló aumentando su brillo hasta convertirse en la segunda más brillante del firmamento. Un siglo más tarde los telescopios revelaron que a su alrededor existía una nebulosa con la forma aproximada de un hombre pequeño con brazos y piernas gruesos. Por ese motivo se la llamó Homúnculo. Con las observaciones más recientes de los telescopios espaciales se ha visto que su forma es la de dos esferas adyacentes.
Un detallado examen de la nebulosa realizado en 2014 ha revelado que en su interior no hay una, sino dos estrellas, una con 30 masas solares, la otra con 90.
La estructura es inestable y en el futuro se producirá una explosión que puede ser más intensa que la de una típica Supernova, produciendo un estallido de rayos Gamma.
La naturaleza nos ha dotado de sentidos para observar nuestro entorno, pero la cantidad de información captada por ellos es tanta que si el cerebro tuviera que procesarla por completo no tendríamos tiempo para reaccionar a los peligros. Algunos mecanismos cerebrales son capaces de hacer trampas, tomar atajos para procesar la información con mayor rapidez.
Uno de estos mecanismos es la Paraidolia, una función que realiza el cerebro inconsciente por la cual, cuando vemos una figura irregular nuestro cerebro la relaciona con los objetos más parecidos que hemos visto anteriormente. Así, en la sombra de algunas colinas marcianas, cuando el Sol incide con un cierto ángulo, creemos ver caras humanas.
Cuando Galileo dirigió por primera vez su telescopio a Saturno vio la típica esfera brillante que esperaba, pero con dos protuberancias a los lados.
Y, sorprendentemente, esos lóbulos desaparecían en ocasiones.
Los astrónomos de la época no habían visto nunca un objeto semejante, y sus cerebros, sin elementos de comparación, no podían reconocer la imagen. Tardaron mucho tiempo en darse cuenta de que Saturno tenía unos anillos planos alrededor de su ecuador que sólo podían ser vistos cuando se observaba con un ángulo acusado, pero que desaparecían de la vista cuando se observaban de perfil.
Mucho más recientemente se ha detectado que en el polo Norte de Saturno hay un remolino de nubes que forman la figura de un hexágono de más de 13 Mm de lado. En ese remolino cabrían 4 Tierras. ¡Y no sabemos cómo se produce!
Pero lo que más abunda en el Universo es la irregularidad. Los asteroides y cometas tienen formas irregulares, algunos esféricos, otros alargados, otros formados por dos esferas adosadas.
En el pasado, lo único que se podía ver en el cielo eran estrellas, y éstas eran puntos. Pero también había pequeñas nebulosas, objetos difusos que podían brillar tanto como las estrellas. Las primeras nebulosas descubiertas con los telescopios plantearon más incógnitas. ¿Qué eran? ¿Qué tamaño tenían? ¿Cuán lejos estaban?
La respuesta se halló en 1908, cuando Henrietta Leavitt, encargada de un equipo de mujeres dedicadas a estudiar las placas fotográficas de los observatorios astronómicos, se fijó en el brillo de las estrellas variables.
Hay una cierta clase de estrellas que cambian su brillo de forma periódica. Leavitt descubrió que la velocidad de su ciclo era inversamente proporcional a su brillo. Las estrellas con ciclos más lentos eran más brillantes. Dedujo entonces que si dos estrellas con el mismo ciclo brillaban con distinta intensidad sería porque la más débil estaba más lejos.
En 1923, el astrónomo Edwin Hubble, examinando la nebulosa de Andrómeda, encontró una estrella pulsante y por su brillo y velocidad de pulsación calculó que se encontraba muchísimo más lejos que cualquier otra estrella de nuestra galaxia. (Hoy en día sabemos con bastante exactitud que está a 2'5 Mal).
La genial conclusión de Hubble fue afirmar que la Nebulosa de Andrómeda no era una nube en el interior de nuestra galaxia, sino que era, en sí misma OTRA galaxia situada mucho más allá que la nuestra. Y este descubrimiento cambió el concepto que teníamos del Universo.
Desde entonces se ha comprobado que la mayoría de las nebulosas observadas hasta entonces son en realidad lejanas galaxias, y se han descubierto muchas más, de lo que deducimos que existen miles de millones de galaxias.
Actualmente se piensa, al menos es lo que se suele decir, que existen unas cien mil millones de galaxias. Pero según los cálculos que hice no hace mucho, (ver Del Big Bang a la Gran Onda , capítulo Cuántas Galaxias Hay) en realidad son cien veces más.
En Nuestro Universo existen Diez Billones de Galaxias.
Escrito y Publicado el 23 de Marzo de 2016