Artículo publicado en el Almanaque Mundial de 1979, páginas 24 a 29.
Lamentablemente, no se indica el autor del artículo, muy bueno y
sorprendentemente detallado.

Un segmento de la colonia en forma de rueda o rosquilla durante la etapa final de construcción
El dibujo muestra a los técnicos instalando los espejos secundarios angulares.
El ciudadano ordinario lo ha recibido con naturalidad, asimilados ya los grandes logros de la década del sesenta, pero lo que el siglo XX depara ahora a la humanidad es quizá la gesta más trascendental de su historia. Catapultado en un incesante desarrollo por la gran revolución tecnológica de posguerra, homo sapiens abandona su medio tradicional y encara lo desconocido con la segura confianza que le inspiran sus propias concepciones.
Tiene ante sí un horizonte infinitamente más amplio que le aguarda, una posible solución a sus abrumadores problemas y, sobre todo, tiene los recursos para emprender una nueva etapa colonizadora, con su objetivo enfocado esta vez hacia los confines siderales.
El Mayflower de la era espacial es un extraño vehículo de aspecto híbrido, muy de acuerdo con sus funciones. Tiene casi cincuenta metros de longitud y veinticuatro de envergadura, y forma parte de un discutido proyecto que ha costado a Estados Unidos 6.900 millones de dólares. Será capaz de realizar disímiles tareas de carácter científico, industrial y militar en el espacio, pero a diferencia de las naves usadas en los últimos años regresará a tierra planeando suavemente, condición ésta que pemitirá reducir a la mitad los gastos habituales de operación.
Para poder dar inicio a la primera misión, el Enterprise -bautizado como la nave interplanetaria de un popular programa de la televisión norteamericana- debió someterse a seis meses de rigurosas pruebas durante 1977. En una de ellas ascendió, acoplado a un Boeing 747, hasta 8.500 m, posteriormente se separó de su nave madre a 7.300 m y aterrizó sin motores, unos seis minutos más tarde, a 330 km/h.
El Enterprise es, en realidad, el prototipo de la versión de trasbordador orbital que se empleará en la primera fase del programa de colonización espacial de la NASA. Una réplica de la nave será la encargada de realizar el primer vuelo desde Cabo Cañaveral el 1 de marzo de 1979.
En esa ocasión el trasbordador
viajará acoplado a una estructura formada por
un enorme tanque de combustible líquido y dos
poderosos cohetes impulsores alimentados por
combustible sólido. Los tres motores de
combustible líquido de la nave se unirán a los
cohetes impulsores para producir la fuerza
necesaria en el despegue, creando una gran
llamarada de amarillo pálido y una larga estela
de humo.
A los 126 segundos de comenzado el viaje, el vehículo se encontrará a 47.000 m de altura. En ese momento se desprenderán los dos cohetes impulsores, se abrirán sus paracaídas y caerán en aguas del Atlántico, donde serán recogidos por un remolcador que los llevará de regreso a Cabo Cañaveral.
Mientras tanto, la nave continuará el vuelo con su tanque acoplado y a los 105 km entrará en una órbita preliminar a una veocidad de 28.000 km/h. El tanque auxiliar será soltado entonces y arderá al entrar de muevo en la atmófera. Movido únicamente por la fuerza de sus motores, el trasbordador encenderá momentáneamente los motores de maniobra que le colocarán en una órbita circular de 176 km. En esa posición, la nave llevará a cabo sus primeras tareas, que van desde la reparación de satélites ya existentes hasta la construcción de estaciones de aprovechamiento de energía solar.
La NASA planea también enviar un cohete impulsor del el compartimento de carga del orbitador, con la esperanza de restaurar a una posición segura la estación Skylab, que ahora está inactiva y en peligro de penetrar en la atmósfera.
La tripulación de siete miembros podrá permanecer en funciones por un período de treinta días, al final del cual harán disminuir ligeramente la velocidad por medio de los motores de maniobra, y entrarán a la atmófera de frente. Para proteger el fuselaje del intenso calor producido por la fricción (hasta 1650ºC), los bordes anteriores de la alas, el frente y la parte inferior de la nave han sido revestidos de material aislante de fibras de carbono y de sílice.
Uno de los momentos críticos del vuelo es el aterrizaje, que debe realizarse con éxito en el primer intento, ya que el vehículo carece entonces de la fuerza de sus motores y se comporta como un verdadero planeador. A fin de garantizar la feliz conclusión del vuelo, la nave dispone de un avanzado sistema de aterrizaje automático. Ya en tierra, el tasbordador es llevado al edificio de ensamblaje donde, en dos semanas, lo dejarán preparado para otra misión.
La década del ochenta contemplará un despliegue impresionante de misiones. Entre las más espectaculares se halla la construcción, en 1983, de un telescopio permanente situado a 160 km de altura, que dará a los astrónomos una visión más nítida del panorama celeste. Asimismo, se efectuará un conjunto de experimentos de diversos órdenes en un laboratorio espacial que presenta condiciones de gravedad nula.
Aunque la idea de establecerse algún día en otros puntos de nuestro sistema -y hasta de nuestra galaxia- ha sido objeto de especulaciones para científicos y, en más exagerada escala, para un sinnúmero de escritores de ficción durante mucho tiempo, la posibilidad de su materialización se empezó a considerar seriamente en fecha reciente.
De igual manera que Wernher von Braun fue factor decisivo en la adecuación del programa norteamericano de colocar al hombre en la Luna, el impulso que ha adquirido el programa de colonización espacial se debe, en su mayor medida, a los esfuerzos de Gerard K. O'Neill, un profesor de física en la Universidad de Princeton. O'Neill, nacido en Brooklyn en 1927, comprendió que el viejo proyecto de crear colonias en el espacio debía ser reexaminado aplicándole los datos arrojados por las exploraciones espaciales y estudios afines. A partir de 1969 se enfrascó en una labor investigativa y de divulgación que le llevó a exponer sus ideas ante las más importante autoridades científicas, legales, tecnológicas y políticas de la nación.
Interesados en la posibilidad sugerida por O'Neill, un grupo de instituciones oficiales y privadas se dedicaron a realizar estudios sobre la viabilidad del proyecto y, en 1975, se llegó a varias esperanzadoras conclusiones: la colonización del espacio era factible con la tecnología disponible: los viejos problemas terrenales de agotamiento de energía y espacio vital, desnutrición y contaminación, iban a ser resueltos utilizando los recursos del medio ambiente espacial; algunos resultados favorables, como la eliminación de la actividad industrial pesada -factor contaminador de importancia- serían alcanzados en menos de un siglo.

Así podrá ser el interior del habitat humano a casi medio millón de kilómetros de la Tierra.
Oficinas, tiendas, pequeñas industrias y áreas de recreo para 10.000 ocupantes.
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Los propugnadores de la empresa calculan que el espacio es realmente una fuente segura de energía y de alimentos. La luz solar es asequible de manera continua y alimentaría ilimitadamente los generadores diseñados ad hoc. El descubrimiento de la eficiente transmisión de energía mediante haces de microondas alentó esta creencia.
Las microondas son fácilmente reunidas en un haz y pueden viajar largas distancias con muy poca absorción en la atmósfera; penetran en las nubes más espesas o la lluvia, y serían captadas sin dificultad por las antenas receptoras.
Estas consisten en grupos de paneles que contienen un sistema de pequeñas antenas dipolos, cada una de las cuales está conectada a un aparato llamado diodo Schottky, que convertiría en corriente directa la energía recibida de los powersats (satélites que transforman la luz solar en un haz de microondas).
En una aplicación práctica, cada una de estas antenas receptoras tendría varios km de diámetro, pero la potencia entregada bastaría para cubrir alguna de las más importantes demandas de electricidad de la tierra.
La ciudad de Nueva York es un gran centro de consumo y ha sufrido en los últimos doce años dos inconvenentes apagones; el más reciente, en el verano de 1977, duró veinticinco horas y se inició cuando se gastaban 5.800 megavatios. Una antena de once km de diámetro generaría suficiente electricidad para el funcionamiento normal de la urbe.
Existen no obstante, otros medios de transmitir energía que están siendo considerados, y es casi seguro que en un futuro no lejano seguirán descubriéndose. Por el momento, uno de los primeros proyectos contempla la instalación, en una órbita situada a 400 km, de una estación de ensamblaje de powersats que tendría capacidad para cien ocupantes y dispondría de su propia fuente de energía, comunicaciones y otros equipos necesarios.
Una vez establecidas, las colonias se autoabastecerán de alimentos, pues el transporte de suministros desde la Tierra sería muy caro, y además contradiría uno de los conceptos básicos del programa. Para conseguir tal cosa será preciso crear superficies cultivables en secciones especiales de la estructura, y esto se hará con elementos traídos desde la Luna y otros cuerpos celestes.
Afortunadamente, se ha descubierto que nuestro satélite natural es ampliamente accesible y que su suelo contiene oxígeno (40%), silicio (20%) y metales (20% a 30%). La Luna es fuente de silicatos con los que se podrá fabricar vidrio, óxidos de los que se extraerá el necesario oxígeno, y metales valiosos como el aluminio y el titanio. De los elementos que más se necesitarían para construir la colonia, sólo el carbono, el nitrógeno y el hidrógeno escasean en la superficie lunar, pero las masas requeridas son relativamente pequeñas y, en estos casos, podrían llevarse desde la Tierra sin que ello ocasione merma significativa a las existencias de nuestro planeta.
Como resulta lógico suponer, la agricultura de la colonia debe ser intensiva. Las técnicas más avanzadas entre las que se emplean en la Tierra para mejorar ñas cosechas arroceras y de otros productos agrícolas se pondrán en práctica en el espacio. Sin embargo, las especiales características de la colonia permitirán todavía un mayor rendimiento. Como la estación de cultivo es continua y puede ajustarse a cualesquiera condiciones. Se sobrepasarán inclusive los nueve meses alcanzados en la agricultura de Filipinas.
La temperatura, la luz, la humedad, el nivel de dióxido de carbono en la atmósfera, pueden ser controlados para obtener mejores cosechas. Según T.A.Heppenheimer en su obra "Colonies in Space", "en vez de sembrar y cosechar en épocas bien definidas, podemos imaginar que en cualquier momento habrá algunos cultivos sembrados, otros creciendo, otros madurando y hasta otros siendo recogidos".
El agua que utilizarán los habitantes de los mundos artificiales estará libre de la sales disueltas que endurecen a muchas aguas de la Tierra. Se obtendrá a través de unos aparatos llamados deshumectadores, que extraen la humedad del aire por condensación. Esta humedad provendrá en su mayor parte de las plantas, que la eliminan por transpiración. Una vez condensada del aire, el agua será bombeada a los centros de consumo.
El agua destinada para riegos y para abrevar el ganado se sacará de otra fuente, las deyecciones naturales, por medio sw un proceso de oxidación húmeda (se calientan con oxígeno a 260ºC y cien veces la presión atmosférica normal) que produce agua de alta calidad con un contenido de amoníaco, así como un gas rico en dióxido de carbono, ambos estériles.
Dos cuestiones básicas para el funcionamiento del nuevo habitat humano han sido previstas, de acuerdo con lo expuesto. Cabe imaginar si se ha hecho lo mismo con respecto a los riesgos predecibles que afrontarían los colonizadores, por no sugerir contingencias fortuitas. Los planificadores del programa también tienen argumentos en este sentido.
La posibilidad de que la colonia fuera dañada por impactos de "meteoroides" parecen muy remotas. Según los datos acopiados por naves espaciales anteriores y los registros efectuados en la superficie lunar, la mayoría de los meteoroides son conglomerados de polvo, relativamente suaves, que se mantienen unidos posiblemente por gases congelados. Estadísticamente se llegó a la conclusión de que tomaría tres años para que un meteoroide de cien gramos causara algún daño local, fácilmente reparable, en una comunidad espacial de 1.000 km² en su sección transversal. Una colisión grave, provocada por un "meteoroide" de una tonelada, tomaría un millón de años.
Otro problema considerado fue el de las radiaciones cósmicas que podrían incidir sobre la colonia. Los rayos cósmicos son partículas cargadas que provienen de los espacios siderales y del sol; son, predominantemente, los núcleos de átomos de hidrógeno que se mueven a una velocidad próxima a la de la luz, aunque es probable que cada elemento de la tabla periódica esté uncluido en su naturaleza. Si no fueran "filtradas" por el campo magnético y la atmósfera de la Tierra, estas radiaciones producirían serios perjuicios a los organismos vivientes, de aquí su peligrosidad en un medio carente de dichas defensas.
La radiación cósmica procedente del Sol se torna particularmente peligrosa cada once años, cuando el astro entra en fase activa y presental las llamadas fulguraciones solares. En estas esporádicas pero violentas erupciones el Sol emite protones de alta energía que pueden provocar dosis nocivas de radiación. Para proteger a los colonizadores se han estudiado diversas soluciones -otras continúan estudiándose- que van desde la creación de una barrera de campos magnéticos y eléctricos, hasta la más factible de construir un escudo protector con el material sobrante del suelo lunar utilizado para varios fines en la colonia.
¿Dónde quedará establecida la primera emigración espacial? Varias alternativas se tuvieron en cuenta para seleccionar el lugar más apropiado. De antemano se desechó la posibilidad de instalarse en la Luna, pues además de sus largas noches de dos semanas de duración, la gravedad lunar dificultaría la construcción y el lanzamiento de los satélites proveedores de energía. También se examinó la ubicación en una órbita baja alrededor de la Tierra y pasando cerca de los polos, lo que aseguraría una recepción continua de luz solar y una cómoda accesibilidad con cohetes. Sin embargo, en esta posición se haría muy difícil el transporte del material lunar que es fundamental en esta empresa y, además, complicaría la puesta de los powersats en órbita geosincrónica.
Si se escogiera una órbita geosincrónica no se presentarían dificultades en recibir la luz solar, en la accesibilidad desde la Tierra o en el envío de los powersats; más aún, estaría situada la colonia en la ruta de tránsito de los satélites de observación y comunicaciones. Tendría dos desventajas, empero; una sería la proximidad a los cinturones de radiación de Van Allen y la otra el difícil acceso para los millones de toneladas de material lunar.
En el sistema gravitacional Tierra-Luna existen, no obstante, cinco puntos del espacio donde quedarían minimizados ciertos problemas de construcción y estabilidad de la futura colonia. Son los llamados puntos de libración o de Lagrange, porque fue este matemático francés quien, en 1772, demostró que para cada par de masas planetarias, dentro de ciertos límites, existe en el espacio un conjunto de cinco puntos en los cuales un pequeño cuerpo permanece en reposo aproximado con relación a las dos masas. Tres de esos puntos (L1, L2 y L3) se encuentran sobre la línea recta que pasaría por la Tierra y la Luna; L4 y L5 están en una posición equidistante de ambos cuerpos, en lo que serían los vértices de dos triángulos equiláteros que tuvieran la distancia Tierra-Luna como lado común.
En realidad, no es sólo la gravedad producida por las grandes masas terrestre y lunar lo que determina el efecto sobre un cuerpo en órbita. También la fuerza centrífuga engendrada por la rotación de dichas masas y la acción gravitacional del Sol intervienen en este esquema. Se ha encontrado que L1, L2 y L3 no son totalmente estables y que, debido precisamente al efecto solar, la estabilidad de L4 y L5 no está localizada en puntos fijos, sino en una órbita alrededor de ellos. Estudiando las características de los cinco puntos de libración, los científicos se inclinan a escoger L4 para establecer la colonia y los restantes puntos para otras instalaciones auxiliares.
La forma que tendrá la primera colonia espacial depende de consideraciones futuras, pero ciertas alternativas entre las existentes parecen más probables. Los modelos se diferencian en geometría y funcionalidad, si bien presentan elementos comunes en su diseño, condiciones dictadas por la necesidad que tendrá la colonia de asemejarse al habitat terrestre. Gravedad normal, ciclo día-noche, luz natural y un paisaje que imite las mejores características del ambiente de la Tierra, deben existir en todo caso. Igualmente necesaria es la separación de las áreas sociales y de producción, un modo de preservar la buena calidad de la vida para los habitantes de las nuevas ciudades.
Colonia formada por dos cilindros acoplados, otra de las alternativas de diseño estudiadas por los científicos.
Uno de los proyectos en estudio contempla el acoplamiento de dos cilindros de un kilómetro de largo y 200 m de diámetro, situados uno junto al otro con sus ejes longitudinales paralelos y girando en sentido contrario para evitar el efecto giroscópico de precesión. Cada uno de estos cilindros estaría dividido en seis regiones alternas de tierra y ventanales; los extremos semiesféricos de los cilindros acogerían, igualmente, regiones de tierra, las cuales sumarían unos 750.000 km² en total.
Estos espacios se construirían de suelo y rocas traídos de la Luna, y estarían dedicados a viviendas, parques, bosques y lagos, aunque no habría montañas ni océanos. Las regiones de ventanales ocuparían igual superficie que las destinadas a suelo y estarían constituidas por miles de paneles de vidrio transparente que permitirían la entrada de luz natural a los cilindros.
La colonia no recibiría la luz solar directamente, sino reflejada por tres enormes espejos rectangulares que se abren sobre los ventanales mediante unas bisagras que los unen a uno de los extremos del cilindro. El ángulo de incidencia de la luz sobre las áreas vitales del cilindro variaría a medida que los espejos se mueven y al cerrarse éstos completamente se crearía el efecto de la noche terrestre. De esta manera, también podrían imitarse condiciones climatológicas específicas y hasta cambios de estación propios de cualquier región de la Tierra.
Otras alternativas de diseño serían una esfera de 500 m de diámetro, que rotaría dentro de una especie de coraza protectora contra rayos cósmicos formada con materiales de desecho; o el llamado Toro de Stanford, una estructura en forma de rosquilla con un diámetro de dos kilómetros, que albergaría a unas 10.000 personas.
Este último modelo tiene dos esferas en su centro, una sobre la otra, que servirían de puerto para las naves espaciales y de área de recreo. Los terrenos de cultivo y las viviendas estarían situados en el aro de la rueda, que se comunicaría con el centro por medio de conductos tubulares radiales.
Colocado directamente encima del centro de la rueda se encontraría un gran espejo circular de unos 800 m de diámetro, que reflejaría la luz del Sol hacia un grupo de espejos secundarios montados alrededor de la estructura central, y estos a su vez reflejarían la luz recibida hacia el interior de la colonia. El espejo exterior, liviano en realidad, se mantendría flotando en la posición adecuada mediante unos pequeños cohetes. El efecto día-noche se conseguiría variando la posición de los espejos secundarios. Como en las demás proposiciones, la gravedad de la colonia se alcanzaría por rotación.
Una enorme cantidad de materiales se necesitará para fabricar la colonia; se calcula que para una población de 10.000 se utilizarían cientos de miles de toneladas métricas, sin contar las cantidades que se dedicarían a la construcción de la coraza contra las radiaciones. Como ya se ha mencionado, el transporte de estos materiales desde la Tierra acarrearía un tremendo gasto de energía y su obtención de una fuente no muy abundante tampoco es deseable. Se decidió, por tanto, explotar la naturaleza virgen de la Luna, que además es rica en muchos de los elementos necesarios para fabricar el primer establecimiento espacial.
La solución escogida para transportar el material de construcción desde la cantera lunar al sitio de la colonia se basa en un dispositivo conocido como acelerador lineal o de masa.

Toneladas de material de construcción extraídas de la Luna serían catapultadas fácilmente al
espacio por medio del acelerador de masa para ser utilizadas en las futuras
colonias espaciales
En síntesis se trata de una catapulta -se han diseñado varias versiones- que lanzaría el material al espacio, aprovechando la ausencia de aire en la Luna y su baja velocidad de escape. Una de las versiones consiste en una pista cerrada de unos catorce kilómetros de largo y construida de aluminio, sobre la cual se desliza un conjunto de recipientes de unos cinco kilos de peso. Cada recipiente, que lleva incorporada una bobina superconductora, recoge una carga de diez kilos y por medio de impulsos magnéticos sincronizados a lo largo de la pista, es elevado sobre ésta y acelerado hasta alcanzar la velocidad de escape. Al llegar al extremo de la pista es desacelerado mientras la carga, compactada en un saco de fibra de vidrio fabricada de sílice lunar, es lanzada al espacio. El recipiente entra en una sección curva de la pista que lo reintegra al ciclo para recoger nueva carga, y el material lanzado continúa en vuelo libre, perdiendo velocidad gradualmente oir efecto del campo gravitatorio de la Luna. Otro dispositivo, llamado receptor de masa, y colocado en posición apropiada tras ser ensamblado en órbita terrestre, captura los paquetes de material y los transporta al emplazamiento de la colonia, turnándose con otro aparato similar.
Falta saber quiénes serán los colonizadores. De acuerdo con las funciones que deberán desempeñarse, así se buscarán los aspirantes. Personas con experiencia o conocimientos en construcción industrial, náutica, de líneas eléctricas pesadas; químicos, botánicos, y especialistas en agricultura tendrían buenas posibilidades de ser enrolados. Las posiciones administrativas y profesionales serían ocupadas por el mismo personal del proyecto. Parece probable que se dará preferencia a obreros solteros -hombres y mujeres- y menores de treinta años, pero también se considerarán parejas casadas, sin hijos o con sólo uno, en las que ambos cónyuges sean aceptables para empleo. A fin de asegurar el desenvolvimiento de una sociedad normal, se desea una fuerza de trabajo sexualmente mixta, aunque con un número aproximadamente igual de hombres y mujeres.
Cierto, este ambicioso proyecto parece todavía algo fantástico, pero en realidad está casi a la vuelta de la esquina. Sus primeros resultados se comprobarán en el próximo decenio, cuando empezará a prepararse el camino a las futuras avanzadas de emigrantes espaciales a través de un nutrido programa de investigaciones en el laboratorio orbital. De aquí a la construcción de una estación espacial con capacidad para más de mil técnicos que serían los encargados de ensamblar los receptores de masa y otros aparatos necesarios, no pasaría mucho tiempo. Otro tanto puede decirse del establecimiento de la primera base lunar, con su acelerador incluido. No sería, pues, demasiado aventurado afirmar que antes de que finalice este siglo de progreso tecnológico y científico, el hombre ya estará viviendo en su hogar artificial, cada vez más cerca de las estrellas.
He sido lo más fiel posible al contenido del artículo. Sólo he corregido una errata de impresión (imaginaos, una preposición 'de' al final de una línea, repetida al principio de-de la línea siguiente), y he colocado las mismas imágenes del original, pero en color, no en blanco y negro como el original. Salvo la del lanzador de material lunar, que aún no he encontrado, y he puesto la foto del original.
Pero aunque no he corregido el artículo quiero hacer constar un par de errores del redactor.
En Los Riesgos no se menciona, quizás porque no se supiera en 1979, que el mejor escudo contra las radiaciones es el agua. En la Estación Espacial Internacional, en el centro de la estación hay una cámara con las paredes recubiertas de garrafas de agua. Cuando se detecta una erupción solar intensa, los astronautas se refugian en esa cámara.
En Diseño y Construcción, se describe la estación como un cilindro de 1 Km de largo por 200 m de diámetro, dando una superficie de 750.000 Km².
Una cuenta sencilla: 200·p = 628 m de circunferencia, por 1 Km de largo, 0'628 Km². Sumando la superficie de los casquetes, serían casi 754.000 m². NO Km². Evidentemente, ha sido un error.
En realidad, el diseño de O'Neill de Isla 3 contemplaba un radio de 3'2 Km (2 millas) y una longitud de 32 Km (20 millas). Y eso daría 643'4 Km². Si sumamos los casquetes de los extremos, sería un total de 772 Km² de superficie.
Para que una estación cilíndrica tuviera una superficie de 750.000 Km² (osea, España y media) tendría que tener MIL Km de largo y 100 de radio. No creo que jamás vayamos a construir un monstruo semejante.
Otra en Diseño y Construcción: La catapulta de material lunar que aparece en el gráfico NO ES el acelerador de masas diseñado y fabricado por O'Neill.
Un acelerador de masas es un cañón electromagnético de varios cientos de metros que dispararía sacos de material, normalmente tierra.
Aquí
podéis ver un dibujo del primer prototipo de O'Neill. Un cañón recto,
rodeado de anillos que, al paso de la electricidad, generarían campos
magnéticos que empujarían un proyectil con una aceleración enorme. El primer
prototipo consiguió 33 Gs. Los siguientes llegaron hasta 1.800 Gs.
La catapulta que aparece en el artículo, no sé de dónde la han sacado, pero no me creo que sea posible que con ese tamaño pudiera funcionar. Es más, para que funcionara en la Luna, el brazo lanzador debería alcanzar la velocidad de escape de la Luna, 2'4 Km/s, y es imposible que el brazo lanzador de la catapulta soportara esa velocidad sin descuartizarse por completo.
Por lo demás, este artículo que encontré por casualidad hace ya más de 45 años, es el que me ayudó a dar los primeros pasos en la construcción de esta sección de mi web.
Espero que a vosotros os parezca tan interesante como a mí me lo pareció entonces y me sigue pareciendo ahora.
Escrito y Publicado el 26 de Enero de 2026