XLIII Jacobo mordido por una víbora
- Otra vez, José mandó a su hijo Jacobo a buscar leña al bosque, y Jesús partió en su compañía. Cuando llegaron al sitio en que la leña se encontraba, Jacobo se puso a recogerla. Y he aquí que una mala víbora lo mordió en la mano, y el niño empezó a gritar y a llorar.
- Y Jesús, viéndolo en aquel estado, se acercó a él, y sopló sobre la moderdura, que quedó cicatrizada. Y la víbora se desecó, y Jacobo se encontró sano y salvo.
XLIV Resurrección de Zenón, caído de una azotea
- Algunos días más tarde, Jesús jugaba con otros niños en la azotea de una casa. Uno de ellos cayó al suelo, y murió instantáneamente. Y los niños se dijeron los unos a los otros:
— ¡Ea! Digamos que quien lo ha tirado es Jesús, el hijo de María.
Y huyeron todos, y Jesús quedó solo en la azotea.
Cuando los padres del niño llegaron, dijeron a Jesús:
— Tú eres quien ha tirado a nuestro hijo desde lo alto de la azotea.
Y él les respondió:
— No soy yo quien lo ha tirado.
Mas ellos se pusieron a gritar, diciendo:
— Nuestro hijo ha muerto, y tú eres su matador.
- Y Jesús, María y José fueron detenidos por la muerte de aquel niño, y se los condujo a la presencia del gobernador. Y ante éste depusieron los niños contra Jesús, como si hubiera sido él quien tirara al niño de la azotea. Y el gobernador dijo:
— Ojo por ojo, diente por diente, vida por vida.
Cuando le tocó declarar a Jesús, respondió al juez en estos términos:
— No se me impute tan mala acción. Y, si no me crees, ¿bastará con que interroguemos al niño, para que manifieste la verdad? Si yo resucito a ese niño, y si él dice que no he sido yo quien lo ha tirado, ¿qué harás con los que han dado falso testimonio contra mí?
El juez respondió, y dijo a Jesús:
— Si haces eso, tú serás absuelto, y los otros serán condenados.
Entonces Jesús, acompañado del juez y de gran multitud, fue hasta donde estaba el niño muerto, y, colocándose cerca de su cabeza, gritó en alta voz:
— Zenón, Zenón, ¿quién te ha tirado de la azotea? ¿He sido yo?
Y el muerto respondió, diciendo:
— ¡Perdón, Señor Jesús! Tú no me has tirado, y ni siquiera estabas allí, cuando me tiraron mis compañeros. Estos niños que han depuesto mentirosamente contra ti son los que me tiraron, y yo he caído.
Entonces Jesús se aproximó a Zenón, lo tomó por la cabeza, lo irguió sobre sus pies, y dijo a los asistentes:
— ¿Habéis oído y visto?
Y los adversarios de Jesús quedaron cubiertos de oprobio, y los espectadores, sorprendidos, se admiraron de prodigio tamaño, y alabaron a Dios, diciendo:
— Verdaderamente, Dios está con este niño. ¿Qué llegará a ser con el tiempo?
Y Jesús se acercaba a la edad de doce años cuando hizo aquel milagro.
XLV El agua recogida en una túnica
- Y María dijo, una vez, a Jesús:
— Hijo mío, ve a buscarme agua al pozo.
Mas, a causa del gran gentío que alrededor del pozo se comprimía, el cántaro, lleno de agua, como estaba, cayó y se rompió.
- Y Jesús, desplegando la túnica que lo cubría, recogió el agua en ella, y la llevó a su madre. Y María quedó admirada en extremo. Y todo lo que veía, lo guardaba y lo encerraba en su corazón.
XLVI El hijo de Hanan castigado con parálisis
- Otra vez, Jesús se encontraba cerca de un canal de irrigación, y con él se encontraban otros niños. Y se entretenían en hacer pequeños depósitos de agua. Y Jesús, con barro, había formado doce pajaritos, y los colocó en los bordes de su depósito, tres a cada lado. Y era sábado aquel día.
- Sobrevino el hijo de Hanan el judío, y, viéndolos así ocupados, les dijo con cólera y acritud:
— ¡En día de sábado amasáis barro!
Y, lanzándose contra ellos, destruyó sus depósitos.
Cuanto a Jesús, batió sus manos, se volvió hacia los pájaros que había hecho, y éstos volaron, chillando.
- El hijo de Hanan se dispuso también a romper el depósito de Jesús, y el agua se desecó. Y Jesús le dijo:
— ¡Deséquese tu vida, como se ha desecado este agua!
Y, en el mismo momento, el niño fue atacado de parálisis.
XLVII Jesús empujado por un niño
- Un día, Jesús caminaba con José. Y encontró a un muchacho que corría, y que, tropezando con él, lo hizo caer.
- Y Jesús le dijo:
— Como me has hecho caer, así caerás tú, para no levantarte más.
Y, en el mismo momento, el muchacho cayó, y murió.
XLVIII Jesús en la escuela de Zaqueo
- Había en Jerusalén un maestro de niños llamado Zaqueo, el cual dijo a José:
— Tráeme a Jesús, para que se instruya en mi escuela.
Y José le dijo:
— De buen grado.
Y fue a hablar a María, y ambos tomaron consigo a Jesús, y lo llevaron al maestro.
Habiéndolo éste visto, le escribió el alfabeto, y le ordenó:
— Di Alaph.
Y Jesús dijo:
— Alaph.
El maestro continuó:
— Di Beth.
Y Jesús repuso:
— Explícame primero el término Alaph, y entonces diré Beth.
El maestro dijo:
— No sé esa explicación.
Y Jesús le dijo:
— Los que no saben explicar Alaph y Beth, ¿cómo enseñan? Hipócritas, enseñad, ante todo, lo que es Alaph, y os creeré sobre Beth.
Y, al oír esto, el maestro quiso pegarle.
- Mas Jesús, le dijo:
— Alaph está hecha de un modo, y Beth de otro, y lo mismo ocurre con Gamal, Dalad, etcétera, hasta Thau. Porque, entre las letras, unas son rectas, otras desviadas, otras redondas, otras marcadas con puntos, otras desprovistas de ellos. Y hay que saber por qué cierta letra no precede a las otras; por qué la primera letra tiene ángulos; por qué sus lados son adherentes, puntiagudos, recogidos, extensos, complicados, sencillos, cuadrados, inclinados, dobles o reunidos en grupo ternario; por qué los vértices quedan desviados u ocultos.
En suma: se puso a explicar cosas que el maestro no había jamás oído, ni leído en ningún libro.
- Y el maestro se sorprendió, y se espantó de las palabras del niño, de la nomenclatura que detallaba, y de la fuerza inmensa que se encerraba en las cuestiones que proponía.
Y dijo:
— En verdad, esta criatura es capaz de quemar el fuego mismo. Yo creo que ha nacido antes del tiempo de Noé.
Y, volviéndose hacia José, le dijo:
— Me has traído un niño para que lo instruya en calidad de discípulo, y se me ha revelado como maestro de maestros.
- Y José exclamó:
— ¿Quién será capaz de educar a un niño como éste?
Jesús repuso:
— Las palabras que acabas de pronunciar, significan que no soy de los vuestros. Estoy con vosotros y en medio de vosotros, y no poseo ninguna distinción humana. Vosotros estáis bajo la ley, y quedaréis bajo la ley. Yo existía antes que vuestros padres hubiesen nacido. Tú, José, te crees mi padre, porque no sabes de quién nací, ni de dónde vengo. Sólo yo sé verdaderamente cuándo has nacido, y cuánto tiempo permanecerás en este mundo. Y, al oír esto, todos quedaron llenos de sorpresa y de estupor.
XLIX El profesor castigado de muerte
- Después, otro maestro, más hábil que el primero, dijo a José:
— Confíame a Jesús, y yo lo instruiré.
Y el maestro se puso a instruirlo, y le ordenó:
— Di Alaph.
Y Jesús dijo Alaph. El maestro continuó:
— Di Beth.
Y Jesús repuso:
— Dame antes la significación de Alaph, y después diré Beth.
El maestro, colérico e irritado, levantó la mano, y le pegó. Y, en el mismo instante, su mano se secó, y cayó por tierra muerto.
- Y el niño marchó fuera, y se mezcló entre el gentío. Y José llamó a María, su madre, y le advirtió:
— No dejes a Jesús salir de casa, porque todo el que le pega, muere.
L Jesús en medio de los doctores
- Cuando Jesús cumplió los doce años, sus padres subieron con él a Jerusalón, para la fiesta. Y, ésta terminada, regresaron a su hogar. Mas Jesús se separó de ellos, y quedó en el templo, entre los pontífices, los ancianos del pueblo y los doctores de Israel, preguntándoles y respondiéndoles sobre puntos de doctrina. Y todos se admiraban de las palabras, inspiradas por la gracia, que salían de su boca.
- Jesús interrogó a los doctores:
— ¿De quién es hijo el Mesías?
Y ellos respondieron:
— De David.
Mas él replicó:
— Entonces, ¿por qué David, bajo la inspiración de Dios, lo llama su Señor, cuando escribe: "Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, para que humille a mis enemigos bajo el escabel de tus pies?".
- Y el más viejo de los doctores repuso:
— ¿Has leído los libros santos?
Y Jesús dijo:
— Los libros, el contenido de los libros y la explicación de los libros, de la Thora, de los mandamientos, de las leyes y de los misterios, contenidos en las obras de los profetas, cosas inaccesibles a la razón de una criatura.
Y el doctor dijo a sus compañeros:
— Por mi fe, que hasta el presente no he alcanzado, y ni aun por oídas conozco, un saber semejante. ¿Qué pensáis que llegará a ser este niño, por cuya boca parece que habla Dios?
LI Ciencia de Jesús
- Y había también allí un sabio hábil en astronomía. Y preguntó a Jesús:
— ¿Posees nociones de astronomía, hijo mío?
- Y Jesús le respondió, puntualizándole el número de las esferas y de los cuerpos celestes, con sus naturalezas, sus virtudes, sus oposiciones, sus combinaciones por tres, cuatro y seis, sus ascensiones y sus regresiones, sus posiciones en minutos y en segundos, y otras cosas que rebasan los límites de la razón de una criatura.
LII Jesús y el filósofo
- Y se encontraba asimismo entre los doctores un filósofo versado en la medicina natural. Y preguntó a Jesús:
— ¿Posees nociones de medicina natural, hijo mío?
- Y Jesús respondió con una disertación sobre la física, la metafísica, la hiperfísica y la hipofísica, sobre las fuerzas de los cuerpos y de los temperamentos, y sobre sus energías y sus influencias en los nervios, los huesos, las venas, las arterias y los tendones, y sobre sus efectos, y sobre las operaciones del alma en el cuerpo, sobre sus percepciones y sus potencias, sobre la facultad lógica, sobre los actos del apetito irascible y los del apetito concupiscible, sobre la composición y la disolución, y sobre otras cosas que sobrepujan la razón de una criatura.
- El filósofo, levantándose, se prosternó ante Jesús, le dijo:
— Señor, en adelante, soy tu discípulo y tu servidor.
LIII Jesús hallado en el templo
- Y, mientras se cambiaban estas conversaciones y otras semejantes, sobrevino María, que, durante tres días, erraba con José en busca de Jesús. Y lo encontró sentado entre los doctores, preguntándoles y respondiéndoles. Y le dijo:
— Hijo mío, ¿por qué nos has tratado de esta suerte? He aquí que tu padre y yo te buscamos con extrema fatiga.
Y Él repuso:
— ¿Por qué me buscáis? ¿No sabéis que debo estar en la casa de mi Padre?
Ellos no comprendieron la palabra que les había dicho. Y los doctores interrumpieron:
— ¿Es éste tu hijo, María?
Ella contestó:
— Sí.
Y ellos dijeron:
— ¡Bienaventurada eres, oh María, por tal maternidad!
- Y Jesús volvió con sus padres a Nazareth, y los obedecía en todas las cosas. Su madre conservaba en su corazón todas aquellas palabras. Y Jesús crecía en edad, en sabiduría y en gracia ante Dios y los hombres.
LIV Bautismo de Jesús
- A partir de aquel día, comenzó a ocultar sus prodigios, sus misterios y sus parábolas.
- Y se conformó con las prescripciones de la Thora, hasta que cumplió los treinta años, en que el Padre lo manifestó en el Jordán, por la voz que exclamaba desde el cielo: "He aquí mi hijo amado, en el cual me complazco", mientras que el Espíritu santo daba testimonio de él, bajo la forma de una paloma blanca.
LV Doxología
- Él es aquel a quien oramos y adoramos, él quien se ha encarnado por nosotros, y nos ha salvado, Él quien nos ha dado el ser, el nacimiento y la vida. Su misericordia no cesa, y su clemencia se extiende sobre nosotros, por su liberalidad, su beneficencia, su generosidad y su largueza.
- A Él la gloria, la benevolencia, la fuerza, la dominación, ahora, en todo tiempo, en toda edad, en toda época, hasta la eternidad de las eternidades y por los siglos de los siglos.
Amén.
Fuente: Los Evangelios Apócrifos, por Edmundo González Blanco
Escrito y Publicado el 2 de Junio de 2013