| Documental | ¿Cómo se hace un Terrorista? (What Makes a Terrorist?) |
| Serie | Secretos del Universo con Morgan Freeman T7 E1 2016 |
| Varios psicólogos intentan explicar cómo una persona normal puede convertirse en terrorista y si hay alguna forma de volver a hacer que respete la vida de los demás | |
Ahora es Al-Kaeda o el ISIS, pero antes eran los terroristas del IRA, la ETA, el Ku Klux Klan y otras muchas organizaciones que defendiendo unas ideas están dispuestos a imponerlas asesinando a inocentes y sembrando el terror para conseguir sus objetivos.
¿El fin justifica los medios?
Si piensas que una ideología es buena ¿está justificado matar inocentes para imponerla?
El antropólogo Scott Atran lleva años estudiando a los terroristas para saber cómo unos idealistas pueden convertirse en asesinos. Fue testigo de un enfrentamiento entre militares Kurdos y terroristas de ISIS en los que, superados en número, varios terroristas se inmolaron para que sus otros compañeros pudieran huir.
Interrogando a terroristas capturados descubrió que el vínculo que había entre ellos como miembros del Califato era más fuerte que cualquier otro vínculo que pudieran tener, incluso con su propia familia. Estaban dispuestos a sacrificar a padres, esposa e hijos en beneficio del grupo.
Scott ha estudiado otros grupos sociales muy cohesionados, como los obreros que trabajan en la reconstrucción de la Zona Cero. Ellos también arriesgan su vida cada día caminando por vigas a grandes alturas y, si un compañero estuviera en peligro asumirían cualquier riesgo para ayudarlo.
Sometidos a un Test en el que tienen que evaluar su individualidad dentro del grupo, los obreros se describen ellos mismos como muy integrados en el grupo, pero dejando un cierto grado de individualidad.
En cambio los terroristas se definen como completamente integrados dentro del grupo, sin dejar ningún margen a la individualidad.
Un terrorista no es un individuo, sino un elemento de un grupo al que está dispuesto a sacrificar su vida, su familia y, por supuesto, la vida de cientos de inocentes con tal de beneficiar al grupo.
El psicólogo Jay Van Bavel ha diseñado un experimento en el que la cara de un muñeco y la cara de una persona real se fusionan. Usando un programa de Morfing, la transformación de muñeco a persona es gradual.
A los participantes se les pide que pulsen un botón cuando consideren que la imagen es más humana que artificial. La respuesta de los participantes es más o menos homogénea.
A los siguientes participantes se les dice que la persona de la foto final es de un estudiante de SU propia universidad, y a otros que de una Universidad rival. Los participantes a los que se les dice que la foto es de una persona de su universidad, lo reconocen como humano antes que a los que se les informa que son de una universidad rival.
En otro experimento divide a los sujetos en dos grupos, águilas y serpientes. Les cuenta historias que le han ocurrido a personas anónimas para evaluar el grado de empatía de los sujetos. Cuando las historias incumben a personas de uno de los dos grupos solo los miembros de dicho grupo manifiestan simpatía mientras que los del grupo contrario manifiestan indiferencia o antipatía.
Lo sorprendente es que esta animadversión ha aparecido casi inmediatamente después de formarse los grupos, sin que haya motivos racionales que la justifiquen.
El psicólogo social Nafees Hamid, pakistaní residente en Londres, intenta entender el proceso de reclutamiento de las redes terroristas.
Para ello ha entrevistado por teléfono a muchos terroristas, reclutadores o simpatizantes que difunden sus ideas por las redes sociales. No es tan sorprendente como parece. Muchos agentes de servicios secretos intentan recabar información de una forma similar y los terroristas son muy desconfiados, pero ha conseguido establecer contacto con algunos miembros.
Ha descubierto que la mayoría de los reclutamientos no se producen por azar, sino a través de amigos o familiares cercanos.
Estudiando las relaciones entre los miembros de la célula terrorista que realizó los atentados de París y Bruselas ha descubierto que aunque el creador de la célula es el que tiene más relaciones con los demás, hay miembros que no realizan reclutamientos ni actividades relacionadas con el terrorismo, pero que mantienen la comunicación entre grupos separados de la célula. Así, cuando el creador de la célula murió en los atentados de París, un miembro que no había realizado actividades terroristas pero sí de enlace entre los distintos grupos, pasó desapercibido para los investigadores y pudo organizar los atentados de unos meses más tarde en Bruselas.
Muchos intentos de las autoridades por eliminar una red terrorista deteniendo a los cabecillas han fracasado porque los enlaces son capaces de reorganizar la red promoviendo entre los grupos aislados a nuevos cabecillas que ocupen el lugar de los detenidos.
Sólo cuando se detiene a los enlaces la organización se fragmenta de verdad impidiendo que los grupos separados vuelvan a reorganizarse.
Un grupo sin enlaces puede disolverse, pero las organizaciones terroristas lo han sufrido y han cambiado de estrategia.
La psicóloga social Sophia Moskalenko investiga el radicalismo en la Universidad de Maryland.
Ha estudiado en particular el proceso y la evolución de un joven canadiense que se hizo terrorista sin haber tenido ninguna relación previa con nadie de ese entorno.
Era un joven normal, que tuvo estudios y se hizo programador. También veía las noticias y se interesó por los conflictos bélicos que se estaban desarrollando en Oriente Medio. Vio algunos vídeos de propaganda en los que se explicaban y exageraban los crímenes de países occidentales contra civiles inocentes de ciudades que acababan convertidas en peligrosos campos de batalla. Y su empatía y su sentido de la injusticia se volcó en la dirección del terrorismo.
Ya era un terrorista radical, aunque aún no había actuado como tal, cuando viajó a Pakistán a un campo de entrenamiento. Unos meses más tarde viajó a Londres para montar los detonadores de varias bombas que una célula terrorista quería hacer estallar en diversos puntos de la ciudad.
Afortunadamente la célula estaba vigilada por las autoridades que conocían a todos sus miembros, a los que detuvo en el momento en que pensaron que estaban a punto de atentar. La sorpresa fue detener a un miembro que nunca había tenido ninguna relación con ellos y que procedente de una familia normal se había radicalizado sin ningún contacto previo.
De no haberlo detenido en ese momento, es probable que semanas o meses más tarde hubiera cometido un atentado solitario, sin que ninguna autoridad hubiera podido preverlo.
El psicólogo Arie Kruglanski intenta entender el mecanismo mental que puede hacer que una persona sacrifique su propia vida en un atentado terrorista.
En los años 70 y 80 se pensaba que los terroristas suicidas eran víctimas de una patología mental, pero tras muchos estudios no se ha demostrado que esa patología exista.
Ari piensa que cualquier persona podría convertirse en terrorista suicida y sacrificar su vida para realizar un atentado. Basta encontrar los impulsos adecuados.
En un experimento hace dos grupos de personas a los que les da un texto y les pide subrayar todos los pronombres. En las hojas de un grupo todos los pronombres son singulares de la primera persona: Yo, Me, Mi, etc. En el otro grupo los pronombres son plurales: Nosotros, nuestro, etc.
Después se las somete al dilema del tranvía. Varios de nuestros compañeros van a ser atropellados por un tranvía, pero si tú te lanzas a las vías y te dejas atropellar el maquinista frenará y con tu sacrificio habrás salvado las vidas de tus compañeros.
Del grupo del 'Yo', casi todos dejan pasar el tranvía, se salvan y mueren los compañeros. Pero del grupo del 'Nosotros' casi todos se arrojan a las vías, mueren y salvan a los compañeros.
¿Cómo el simple uso de unas palabras puede hacer que tu comportamiento cambie tan radicalmente?
Ari afirma que un miembro de un grupo puede estar tan integrado dentro del mismo que sólo espera y desea la aprobación del grupo y es capaz de sacrificar a cualquier persona externa e incluso a sí mismo en beneficio del grupo.
No hace falta ser un psicópata. Bajo determinadas circunstancias cualquier persona normal integrada en un grupo extremista se convierte en extremista.
¿Se puede utilizar este mismo comportamiento de adhesión al grupo para reconvertir a un extremista en una persona normal?
El profesor de psicología Eran Halperim vive en Israel y lleva años intentando encontrar la forma en que sea posible superar la eterna rivalidad entre israelíes y palestinos.
Ha descubierto que los extremistas de ambas poblaciones tienen sus puntos de vista congelados, son inalterables ante cualquier razonamiento. En un intento para descongelar esos puntos de vista ha probado a defender los puntos de vista del contrario e incluso llevarlos aún más lejos.
Si tienes un rival dialéctico con el que no se puede razonar, lo mejor es darle la razón, tomar sus opiniones y llevarlas hasta sus últimas consecuencias. Estas consecuencias son tan extremas que son capaces de sorprender al extremista y llevarlo a un punto en que sea capaz de replantearse sus propias convicciones. No tiras del rival para traerlo a tu terreno, sino que lo sobrepasas en extremismo, tiras de él y es él el que se resiste a tales extremos hasta el punto en que sin darse cuenta acaba refugiándose en tu propio terreno.
Utilizando esta técnica, que ha llamado Razonamiento Paradójico, ha conseguido que varias personas extremistas se hagan más moderadas y estén dispuestas a llegar a acuerdos, porque han comprendido que el desacuerdo absoluto que antes defendían sólo les llevaría a un conflicto perpetuo.
Ahora quiere usar las mismas técnicas en toda una ciudad para conseguir que los radicales comprendan que la paz sólo será posible con el acuerdo y la negociación, no con el enfrentamiento y la violencia. Y si lo consigue tendrá las armas que tal vez en un futuro no muy lejano puedan acabar con el conflicto palestino-israelí.
Cuando abatimos a un terrorista aparecen otros. Cuando descabezamos una organización terrorista aparece otro líder. Si destruimos una organización surge otra.
¿Hay alguna forma de acabar con todos los terroristas, con todas las organizaciones terroristas, de una vez para siempre?
El Antropólogo Evolucionista Peter Turchin, ha estudiado las civilizaciones de la antigüedad para analizar cuales son los factores que hacen que nazcan, crezcan y mueran. Hace años se sorprendió cuando un historiador recopiló más de doscientas teorías distintas, de distintos historiadores, para explicar la Caída del Imperio Romano.
Tras varios años de análisis y estudio consiguió desarrollar una teoría según la cual la fuerza de un imperio se incrementaba debido a la fuerza de sus enemigos vecinos.
Desarrolló una herramienta informática que, tras ser alimentada con miles de datos económicos y sociales, podía predecir los auges y decadencias de los imperios del pasado. ¿Podría prever también las consecuencias futuras de las actividades presentes?
Al iniciarse la invasión USA de Irak predijo que como reacción se formarían diversos grupos guerrilleros en los márgenes del territorio ocupado. Casi todos serían eliminados, pero habría uno que sería el que menos daños sufriese y aglutinaría a los supervivientes de los grupos destruidos para dar lugar a una organización muy numerosa y violenta que sería un serio rival para las fuerzas USA.
Nadie le hizo caso entonces pero ocho años después sus predicciones se habían cumplido punto por punto.
Eso ha hecho que sus opiniones sean tenidas en cuenta y que le hayan preguntado sobre el futuro de las intervenciones de USA en Irak.
En su opinión USA puede afrontar el problema de ISIS con tres estrategias distintas.
¡Vaya alternativa! ¿Dejarlos en paz y esperar que los terroristas no salgan de sus fronteras? ¿Que se hagan con el poder del país por la fuerza de las armas y cometan todos los crímenes imaginables contra la población indefensa?
No sé yo si podemos permitirnos dejar tranquilos a los terroristas. Ni si éticamente es correcto dejar que sigan masacrando a las personas inocentes que vivan en los países que lleguen a dominar.
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Escrito y Publicado el 18 de Octubre de 2016