| Documental | ¿Sobreviviremos al Primer Contacto? (Will We Survive First Contact?) |
| Serie | Secretos del Universo con Morgan Freeman T3 E1 2012 |
| Morgan Freeman presenta diversos científicos que especulan sobre la posibilidad y las consecuencias de un encuentro con seres inteligentes de otros planetas. | |
La Vida existe en la Tierra casi desde su formación, hace Miles de Millones de años. La Vida Inteligente existe desde hace sólo unos 100.000 años. Hace pocos siglos que hemos desarrollado la tecnología industrial y muy pocas décadas desde que hemos desarrollado la electrónica y la navegación espacial, ofreciéndonos un futuro que era imposible de imaginar hace muy poco tiempo.
Si esto ha ocurrido en la Tierra, es indudable que también habrá ocurrido en otros planetas, y dentro de décadas o siglos, cuando lancemos nuestras naves hacia otras estrellas, tal vez encontremos otros planetas habitados, quizás con tecnología tan desarrollada, o más, que la nuestra.
En el pasado de la Tierra han habido pueblos que han explorado el mundo más allá de sus fronteras, han encontrado otros pueblos más primitivos y, en la mayoría de los casos, la civilización más atrasada ha estado abocada a la desaparición y la extinción.
¿Ocurrirá lo mismo en el futuro? ¿Seremos culpables del exterminio de las civilizaciones más atrasadas que encontremos? O, si es otra raza la que está más avanzada tecnológicamente que nosotros ¿estaremos abocados a la extinción?
El Profesor Charles Cokell afirma que el hecho de que una civilización sea tecnológicamente avanzada no implica que vaya a ser pacífica.
Por su alimentación, hay seres Autótrofos (que fabrican su propio alimento a partir de energía y materia inerte) y Heterótrofos (que se alimentan de otros seres vivos). Los autótrofos se alimentan de la energía del Sol, y apenas tienen la suficiente energía para crecer y reproducirse. Los heterótrofos se alimentan de otros seres vivos, en su mayor parte plantas. Con esta alimentación pueden ingerir mucha más energía que dedican a moverse en busca de alimentos.
Si nosotros, los humanos, nos alimentáramos sólo de materia vegetal, tendríamos que consumir varios Kg diarios, y tal como los animales herbívoros pasaríamos la mayor parte del tiempo comiendo y digiriendo.
La Naturaleza, en su infinita capacidad de inventar sistemas más eficientes, ha desarrollado animales carnívoros, que se alimentan de otros animales, por lo que necesitan menos Kg de alimento y menos tiempo para alimentarse y digerir los nutrientes.
Mientras más inteligente es un organismo, más alimento necesita. La forma de alimentación más eficiente para las criaturas inteligentes es ser depredador carnívoro.
En caso de que la Vida haya aparecido en cualquier otro planeta y haya evolucionado una especie inteligente, lo más probable es que sea un animal depredador de alimentación carnívora.
Si alguna vez nos encontramos a la Tierra ¿pensarían en nosotros como unos nuevos amigos o como en un delicioso bocado?
Si alguna vez somos invadidos por una raza extraterrestre, nuestras posibilidades de presentar batalla serían muy escasas.
Con mayor capacidad tecnológica y científica, nuestras más modernas armas serían como lanzas contra acorazados. No tendríamos nada que hacer.
Nuestra única ventaja es que conocemos el terreno, podemos ocultarnos y, quizás sorprenderlos en una guerra de guerrillas.
No tendríamos ninguna posibilidad de conseguir una victoria, pero sí de molestarlos continuamente, sin permitirles descansar ni relajarse.
Al final, tras muchos años de lucha sin ninguna victoria significativa, es posible que los alienígenas acaben hartos y se marchen.
Conocer las intenciones de unos posibles visitantes alienígenas supondría una gran ventaja. Para ello tendríamos que escuchar sus conversaciones. Y el mejor método del que disponemos es escuchar sus ondas de radio.
Desde hace 40 años, el proyecto SETI (Search for Extra Terrestrial Intelligence, Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre), está escuchando las emisiones de radio que se pueden captar en el espacio. Hasta ahora todas las señales captadas han sido emitidas por fuentes naturales, pero si seguimos explorando tarde o temprano tal vez podamos encontrar una fuente de origen inteligente.
Y cuando las encontremos ¿podremos entenderlas?
Los humanos hablamos unos 7.000 idiomas diferentes. La mayoría de nosotros sólo conocemos uno o dos idiomas, pero podemos aprender y traducir cualquier idioma humano, porque todos tienen algo en común: Han sido diseñados por mentes humanas. ¿Podríamos entender idiomas diseñados y hablados por mentes alienígenas?
El astrofísico y experto en Teoría de la Comunicación, Laurance Doyle intenta entender un idioma no humano, y para ello estudia el lenguaje de los delfines.
Los delfines establecen relaciones bastante complejas entre ellos y su comunicación es a base de silbidos y chasquidos.
Doyle ha grabado cientos de horas de conversaciones entre delfines y las ha analizado hasta descubrir que en su lenguaje existen unas pautas similares a la de los idiomas humanos.
Los humanos usamos decenas de miles de palabras, y si con ellas no transmitiéramos ningún mensaje cualquier palabra aparecería con la misma frecuencia que las demás. En un mensaje coherente, que transmita información, algunas palabras aparecen con más frecuencia y otras con menos. Ordenándolas por frecuencia de aparición, puestas en un gráfico de coordenadas cartesianas, formarían una línea recta inclinada 45º.
En cualquiera de los 7.000 idiomas de la Tierra, si contamos las palabras y las colocamos en un gráfico, aparece una distribución lineal de 45º. Lo mismo ocurre con el lenguaje de los delfines, lo que demuestra que los sonidos que emiten no son aleatorios, sino que transmiten información. Son inteligentes.
Aún no entendemos el idioma de los delfines, pero Doyle piensa que tarde o temprano podremos entenderlo.
Con las ondas radioeléctricas captadas en el espacio podemos hacer lo mismo, analizar la frecuencia con la que aparecen determinados segmentos de ondas y comprobar si corresponden a fenómenos naturales aleatorios o a complejos mensajes de comunicación. Aunque no sepamos lo que dicen, podremos saber que son seres inteligentes.
Si hemos de ser nosotros los que viajemos a las estrellas para encontrar otros seres inteligentes, podríamos estar cerca de lograrlo.
En 1903 los hermanos Wright realizaron el primer vuelo, de apenas 30 m. En 1969 conseguimos llegar a la Luna, a 400 Mm de distancia.
John Brophy trabaja en el Jet Propulsion Laboratory (JPL) en Pasadena, California, y ha diseñado un motor de iones con el que espera que viajen los próximos cohetes, sondas y naves a otros planetas y más adelante a las estrellas.
Brophy utiliza gas Xenón ionizado positivamente. Lo introduce en el motor, que también está cargado positivamente. Los iones son repelidos con fuerza hacia la popa, imprimiendo una cierta aceleración al cohete. Aunque la fuerza conseguida por UN ión es muy pequeña, el motor es capaz de procesar miles de millones de iones por segundo, consiguiendo que el cohete acelere de forma lenta pero constante.
Los cohetes químicos queman casi todo su combustible en unos pocos minutos. Adquieren gran velocidad, pero luego siguen volando inercialmente, sin usar los motores. Un motor iónico no tiene potencia suficiente para despegar desde la Tierra, pero una vez en el espacio puede funcionar, con muy poco consumo de combustible, durante meses o años.
La Sonda Espacial Dawn tardaría cuatro días en alcanzar los 100 Km/h, pero puede seguir acelerando de forma indefinida al mismo ritmo hasta alcanzar 40.000 Km/h en 4 años consumiendo tan sólo 230 Kg de combustible.
Veamos: 100 Km/h es igual a 27 m/s. Alcanzar esa velocidad en 4 días (4*24*60*60= 345.600 s) supone una aceleración de 27/345.600=0'00008 m/s²= 8 milésimas de centímetro, y habrá recorrido 4.770 Km, Como de Madrid a Teherán. Y al cabo de 4 años, con esa aceleración, habrá alcanzado los 10 Km/s (36.000 Km/h) y estará a 637 Gm de la Tierra. Más o menos la distancia del Sol a Júpiter. ¿En serio?
Sencillamente, me parece un resultado MUY pobre.
En Aceleración de Naves Espaciales disponéis de una herramienta con la que podéis calcular la velocidad conseguida y la distancia recorrida en períodos de días, meses o años con una aceleración muy pequeña, de unos pocos cm/s².
Los astrónomos creen que hay 17 sistemas planetarios a menos de 17 años·luz de la Tierra. Con un motor iónico que proporcione una aceleración de 5 cm/s², cualquiera de ellos podría ser alcanzado en un viaje de unos 80 años.
¡Hombre! 5 cm/s² sí que es una aceleración más respetable. Con la calculadora ya mencionada podéis ver que a los 80 años habría alcanzado los 17 años·luz, pero iríamos demasiado rápido. Tendríamos que haber empezado a frenar a mitad de camino para que al llegar a nuestro destino podamos detenernos. Si no, pasaremos de largo. De MUY largo.
Si quisiéramos comunicarnos con extraterrestres podríamos usar emisiones de radio o rayos de luz láser, pero sea cual sea el método utilizado ¿cómo transmitiremos las ideas?
James Kakalios cree que debemos usar un idioma que cualquier ser inteligente que domine la tecnología pueda entender. Y ese idioma es el de las matemáticas.
Podemos enviar impulsos (Encendido-Apagado) de distintas duraciones, de distintas longitudes de onda, distintas frecuencias o estados de polarización.
Con ellos podemos representar una sucesión de los primeros números naturales (1 2 3 4 5 6 7 8 9 10). Después seguiríamos con una sucesión de números primos (1 2 3 5 7 11 13 17 19 23 29). Seguiríamos con una secuencia que represente diversos signos matemáticos (números y signos + - * / = Cierto y Falso). Y una serie de operaciones (5+3=10 Falso, 8/4=2 Cierto).
Poco a poco se van enviando fórmulas más complejas hasta describir todos nuestros conocimientos matemáticos.
Se me ocurre que tras unos inicios básicos deberíamos enviar imágenes, una secuencia de bits que dibujen una pantalla. Para que sepan lo que es, les enviamos secuencias de CEROS y UNOS en una matriz rectangular de X píxeles de ancho y Y píxeles de alto. Para evitar incertidumbres, tanto X como Y deben ser números primos.
Esta sería la base sobre la que los alienígenas podrían relacionar palabras con objetos, y aprender un idioma natural.
Para que podamos comunicarnos con alguien hace falta que ambos dispongamos al mismo tiempo de un sistema de comunicación.
La Tierra existe desde hace 4'5 Ga. La Humanidad existe desde hace sólo 200 Ka, menos de media millonésima del tiempo que hace que existe la Tierra. Pero nuestra capacidad para comunicarnos por ondas de radio apenas data de 100 años, media milésima de la edad de la Humanidad.
Si en algún momento del pasado alguna civilización extraterrestre nos hubiera enviado ondas de radio, hay sólo una probabilidad entre más de diez mil millones de que las recibamos en el momento en que ya disponemos de los medios para escucharla.
Otra cosa sería si nos hubieran visitado en el pasado. En tal caso podrían haber dejado un mensaje grabado en rocas que hubiera perdurado hasta nuestros días. Pero aún las más duras rocas están expuestas a la erosión, y sólo sobrevivirían unas pocas decenas de miles de años.
El físico Paul Davis cree que una opción más duradera sería dejar un mensaje grabado en nuestro ADN. Como cada individuo transmite su ADN a sus descendientes, un mensaje inscrito en el ADN de un organismo de hace millones de años aún se conservaría en su descendencia.
Un documental regular. Sobre el mismo tema se han hecho otros documentales bastante mejores.
Un par de apostillas.
Hace años hice un estudio sobre cuáles son las características que debe tener un planeta para que en él pueda desarrollarse Vida Inteligente Tecnológica.
Una característica necesaria es que un planeta necesita tener una órbita estable en la zona Templada del Sistema Solar durante al menos los últimos Mil Millones de años, para dar tiempo a que trabaje la Evolución. Como la intensidad del Sol va aumentando a razón de un 8~10% cada Mil Millones de años, sería necesario que el planeta se fuera alejando del Sol a un ritmo adecuado. Por lo que hemos visto de otros Sistemas Solares, a menudo los Gigantes Gaseosos se van acercando al Sol. Aquí no, porque más allá de Júpiter se encuentran otros dos Gigantes que retienen su órbita. La probabilidad de que en un Sistema Planetario se produzca este equilibrio que evite que los planetas gigantes caigan hacia el Sol, creo que es muy baja.
Y otra característica necesaria es que el planeta DEBE tener una luna, y sólo una, lo bastante grande para provocar mareas y hacer que el núcleo sólido del planeta ruede dentro del manto fluido, generando corrientes magmáticas que creen un intenso campo magnético para proteger la superficie del planeta del Viento Solar de su estrella y de los rayos cósmicos del Universo. Sin Luna, la Vida se habría desarrollado en los mares, pero no hubiera podido habitar las superficies de los continentes. Y en los mares no hubiera sido posible desarrollar la tecnología electrónica ni la espacial.
La idea no me parece tan buena. No se puede implantar un mensaje de ADN en TODOS los seres vivos del planeta, y los supuestos visitantes, si hubieran llegado hace 200 Ma, habrían encontrado cientos de miles de especies, de las que las más prometedoras eran los dinosaurios.
Además, si se implanta ese mensaje en el ADN de MIL ejemplares de una especie, es muy poco probable que ese mensaje se transmita a toda la población. La proporción de individuos que contuviera el mensaje se mantendría en la misma proporción, pongamos un uno por millón, durante miles de generaciones. Sólo se extendería a toda la población si en el mismo cromosoma hubiera una mutación que mejorara la capacidad de supervivencia de los individuos respecto a sus congéneres, pero de igual modo, si la mutación acompañante supusiera una desventaja el mensaje desaparecería en pocas generaciones.
Sencillamente, si los extraterrestres hubieran visitado la Tierra hace 200 Ma les hubiera sido imposible saber qué cromosomas de qué especie iban a sobrevivir cuando esa especie llegara a la inteligencia. Tampoco sabrían si esa especie en particular sobreviviría, desarrollaría la inteligencia o sería una de las 999 especies de cada mil destinadas a la extinción.
Y viendo los gigantescos dinosaurios de hace 200 Ma ¿se les hubiera ocurrido implantar un mensaje en el ADN de esos pequeños ratoncillos que sólo salían por las noches de sus madrigueras para cazar insectos y alimentarse de la carroña abandonada o los excrementos mal digeridos de los reyes del planeta?
No, no me parece que ese sea un método eficaz de dejar un mensaje que dure millones de años. Si fuera yo, hubiera dejado una señal en la Luna, algo que sea invisible a simple vista pero que resulte visible cuando los posibles seres inteligentes construyan telescopios. Y con textos escritos, o una puerta a una biblioteca subterránea, que esté esperando a que llevemos allí nuestras naves.
Un mensaje así podría perdurar durante decenas de millones de años.
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Escrito y Publicado el 23 de Marzo de 2013